Citas tomadas del libro "El tiempo de los asesinos" de Henry Miller


Los poetas de hoy retroceden, embalsamándose en un  lenguaje críptico, cada vez más incomprensible. Y, a medida que van desapareciendo uno tras otro, los países que los vieron nacer se van arrojando de cabeza a su propia perdición. 

El poeta está hoy obligado a renunciar a su vocación porque ha dado ya  pruebas de su desesperación, porque ha llegado a comprender que es impotente para comunicarse con sus semejantes. Ser poeta fue en un tiempo la vocación más alta, hoy es la más vana. Y ello no porque el mundo sea inmune a la voz del poeta, sino porque el poeta mismo no cree ya en su misión divina. Está desentonado desde hace un siglo o más; y nosotros no sabemos ya modular. El chillido de la bomba aún tiene sentido para nosotros, pero los delirios del poeta nos parecen un galimatías. Y es un galimatías efectivamente puesto que entre los dos mil millones de seres que forman la población del mundo, sólo unos pocos miles pretenden comprender lo que dice el poeta. El culto del arte toca a su fin cuando sólo existe ya para un puñado de elegidos. Entonces deja de ser arte para convertirse en el lenjuage cifrado de una sociedad secreta cuyo fin es propagar una individualidad que ha perdido su sentido. El arte debe excitar las pasiones humanas, inspirar a los hombres visión, lucidez, coraje, fe ¿Qué artista del lenjuage ha sabido conmover recientemente al mundo como lo ha hecho Hitler? ¿Algún poema ha sacudido a la humanidad como la bomba atómica? desde el advenimiento de cristo no asistimos a tales fenómenos, multiplicándose a diario. ¿De qué mas dispone el poeta, que puedan compararse con ésas? ¿O de qué sueños? ¿Dondé está su tan cacareada imaginación? La realidad está aquí, ante nuestros propios ojos, en toda su desnudez, pero ¿dónde está el canto que la anuncie? ¿Hay un solo poeta, aunque sea de quinta categoría a la vista? Yo no veo ninguno. No llamo poeta a esos que hacen versos rimados o no. Llamo poeta al hombre capaz de cambiar profundamente el mundo. ¡Si un poeta tal vive entre nosotros, que se manifieste! Pero debe ser la suya una voz capaz de ahogar el trueno de la bomba. Y su lenguaje capaz de fundir el corazón de los hombres y hacer hervir su sangre.

Poco importa que perdamos al poeta si salvamos la poesía. No hay necesidad ni de papel ni de tinta para crear poesía y propagarla. Los pueblos primitivos en general son poetas de la acción, poetas de la vida. Hacen aún poesía, auqnue su poesía ya nos conmueva. Si fuéramos sensibles a lo poético, no permaneceríamos insensibles a su manera de vivir; habríamos incorporado su poesía a las nuestra, habríamos infundido en nuestras vidas esa belleza que impregna la suya. La poesía del hombre civilizado ha sido siempre exclusiva, esotérica. Ha causado su propia muerte. 

Somos inadaptados hasta la locura. Añoramos encontrar nuestro puerto, pero estamos rodeados de bastos espacios vacíos. Necesitamos un maestro, pero nos falta la humildad, la flexibilidad, la paciencia necesaria. No estamos cómodos ni nos sentimos agusto con los grandes de espíritu; aún los más grandes entre ellos nos resultan sospechos y defectuosos. Y, pese a todo, sólo encontramos afinidad en los tipos más elevados.

Se puede ser aclamado como un gran rebelde, pero nunca seremos amados. Y para el rebelde, más que para el resto del género humano, es absolutamente necesario conocer el amor, darlo aún más que recibirlo y serlo aún más que darlo.

El rebelde es traicionero y sacrílego a la vez, si no en la letra, al menos en el espíritu. Es en el fondo un traidor, porque teme la humanidad que lleva en sí y que podría unirlo a sus semejantes; es un iconoclasta porque, al reverenciar demasiado la imagen, llega a temerla. Lo que quiere sobre todas las cosas es su humanidad común, sus poderes de adoración y reverencia. Está harto de estar solo, no quiere ser siempre un pez fuera del agua. No puede vivir con sus ideales a menos que éstos sean compartidos, pero ¿cómo comunicarlos si no habla el mismo idioma que su prójimo? ¿Cómo conquistarlo si no conoce el amor? ¿Cómo conocerlo para que construya si toda su vida está consagrada a destruir?

Doctor Gachet (Doctor de Vicent van Gogh en una carta a Theo, hermano de Vincent): "¡Amor al arte no es la expresión exacta! ¡Habría que darle más bien el nombre de fe, una fe de la cual Vincent fue el mártir!"

Soy bastante fiel en mi infidelidad y, aunque he cambiado, soy el mismo, y lo único que me atormenta es ¿para qué puedo servir? ¿No podría ser útil de algún modo? ¿Cómo puedo hacer para aprender aún más y profundizar en determinados temas? Ya ves, eso es lo que me atormenta constantemente, pero me siento atado por la miseria, excluido de participar en esta u otra obra y ciertas cosas necesarias están  fuera de mi alcance. Por todo esto no se puede dejar de sentir melancolía. Siente uno como un vacío donde debería haber amistades y afectos fuertes y serios, siente un terrible descorazonamiento royéndole hasta la misma energía moral, la fatalidad parece poner una barrera a los instintos afectivos y sentimos como una oleada de asco que sube en nosotros, hasta hacernos exclamar: ¿Hasta cuándo, Dios mío? 
Fragmento de una carta de Van Gogh a su hermano Theo, julio de 1880.

"Sufrir sin quejarse es la única lección que tenemos que aprender en esta vida." Van Gogh

El mundo no quiere originalidad, quiere conformidad, esclavos, más esclavos. El lugar que corresponde al genio está en el albañal, cabando zanjas o en las minas y canteras, donde su talento no será utilizado. Un genio en busca de empleo es uno de los espectáculos más tristes del mundo. No encaja en ninguna parte, nadie quiere saber nada de él. Es un inadaptado, dice el mundo. Y con esto le cierran violentamente.

El camino hacia el cielo pasa a través del infierno ¿No? Para alcanzar la salvación es necesario vacunarse con el pecado. Hay que experimentar todos los pecados, tanto los veniales como los capitales, ganarse la muerte, con todos los apetitos, no rehusar ningún veneno, no rechazar ninguna experiencia, por degradante o sórdida que sea. Hay que llegar al límite de las propias fuerzas, comprender que se es en realidad un esclavo. 

Ningún júbilo es comparable al del creador, porque la creación no tiene otro fin que ella misma.

Dios no quiere que vayamos a él en la inocencia. Hemos de conocer el pecado y el mal, hemos de desviarnos del sendero, perdernos, alzarnos desafiantes y desesperados; hemos de resistir tanto como lo permitan nuestras fuerzas, para que la rendición sea absoluta y abyecta.

Lo que creamos con la mano y la lengua no tiene valor; lo que creamos con nuestras vidas es lo que cuenta. Sólo cuando nos convertimos en una parte de la Creación comenzamos realmente a vivir.

Sólo el individuo emancipado tiene acceso a la libertad. Y esta libertad se gana. Es una liberación gradual, una lucha lenta y laboriosa en la que se exorcisan las químeras. No pueden matarse las químeras puesto que los fantasmas sólo adquieren realidad en la medida en que son reales los temores que los invocan. Conocerse a sí mismo, es liberarse de los demonios que nos poseen. 


3 comentarios:

diescisiete dijo...

Siente uno como un vacío donde debería haber amistades y afectos fuertes y serios, siente un terrible descorazonamiento royéndole hasta la misma energía moral, la fatalidad parece poner una barrera a los instintos afectivos y sentimos como una oleada de asco que sube en nosotros, hasta hacernos exclamar: ¿Hasta cuándo, Dios mío?

ANmiGuEL dijo...

yo creo dios nos contestaría, hasta cuando tu lo decidas

Literatura Psicoactiva dijo...

Todos los libros de Henry Miller, incluyendo la trilogía Sexus, Plexus, Nexus, en PDF en: http://www.literaturapsicoactiva.com/2015/05/henry-miller.html

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