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Piedritas en la ventana... Mario Benedetti



Piedritas en la ventana

De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que esta ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme la cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas
quien sabe donde quedan mis próximas huellas
ni cuando mi historia va a ser computada
quien sabe que consejos voy a inventar aun
y que atajo hallare para no seguirlos
esta bien no jugare al desahucio
no tatuare el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca
esta bien me doy por persuadido
que la alegría no tire mas piedras
abriré la ventana.

Canción // Rosario Castellanos



                                                             Canción

                                                             Yo conocí una paloma
                                                             con las dos alas cortadas;
                                                             andaba torpe, sin cielo,
                                                             en la tierra, desterrada.

                                                             La tenía en mi regazo
                                                             y no supe darle nada.
                                                             Ni amor, ni piedad, ni el nudo
                                                             que pudiera estrangularla.

La llorona // Óscar Chávez




Nocturno, poema de Rosario Castellanos



                                               Para vivir es demasiado el tiempo;
                                               para saber no es nada.

                                               ¿A qué vinimos, noche, corazón de la noche?

                                               No es posible sino soñar, morir,
                                               soñar que no morimos
                                               y, a veces, un instante, despertar.



No les tires a los cuervos, La Feria, Juan José Arreola.


Juan Tepano, Primera Vara, anda con todos los suyos trabajando en el campo. Con todos los suyos que son dueños de la tierra, y que de sol a sol trabajan para otros. Ahora tienen esperanza, como si el año que entra ya fueran a sembrarla por su cuenta.

Juan Tepano, Primera Vara, anda contento y dice versos y dichos viejos. Pedazos de pastorela. Luego da unos pasos y se lanza de sonajero. Y viendo que Layo apunta a un cuervo con su escopeta, le llama la atencion.

Los cuervos van volando por los sembrados al ras de los surcos. Graznan. Se paran y picotean la tierra como buscando algo.

- A los cuervos no les tires, Layo. Nomás espántalos. Son cristianos como nosotros y no le hacen daño a las milpas. Nomás andan buscando y buscando entre los surcos. Buscan los granos de maíz. Como que se acuerdan de dónde los enterraron, pero luego se les olvida.

Es la hora de comer y la cuadrilla está alrededor de las brazas, calentando el almuerzo. Quién echa a la lumbre un tasajo de cecina y quién un pedazo de pepena, para alegrar las tortillas. Comen despacio a la sombra de un tacamo, mientras los bueyes van al aguaje y sestean.

- Nomás espántalos, pero no les tires. Los cuervos son como tú o como yo. Andan arrepentidos buscando y buscando lo que se comieron por el camino, cuando venían volando en la noche con su grano de maíz en el pico. Pobres, no tienen la culpa de haber caído en la tentación. Ustedes ya no se acuerdan, pero los cuervos trajeron otra vez el maíz a Zapotlán, cuando no los quitaron las gentes de Sayula, de Autalán, de Amula y de Tamazula. Todos vinieron y nos quitaron el Maíz de pura envidia de que aquí se daba mejor que allá. Aquí se da mejor que en todas partes y por eso nuestra tierra se llamaba Tlayolan, que quere decir que el Maíz nos da vida. Pero los vecinos nos hicieron guerra entre todos. Nos quitaron primero la sal y luego se llevaron las mazorcas, todas, sin dejarnos ya ni un grano para la siembra.

y nos cerraron el llano, guardando todos los puertos para que nadie pudiera pasar. Y entonces Tlayolan se llamó Tzapotlán, porque ya no comíamos maíz sino zapotes y chirimoyas, calabazas y mezquites. Andábamos descriados, ya sin fuerzas para la guerra. Pero tuvimos un rey y su nahual era cuervo. Se hacía cuervo cuando quería, con los poderes antiguos de Topiltzin y Ometecutli. Se hacía cuervo nuestro rey, y se iba a volar sobre los sembrados ajenos, entre los cuervos de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Y veía que todos tenían el maíz que nos quitaron. Y como su nahual era cuervo, supo que los cuervos buscan y esconden las cosas y con los poderes antiguos de Topiltzin y Ometecutli, nos enseñó a todos a que nos volviéramos cuervos. Y un año limpiamos las tierras, que todas estaban llenas de chayotillo, de garañona y de capitaneja. Limpiamos y labramos la tierra, como si tuviéramos maíz para sembrarla. Y cuando comenzaron las lluvias, ya para meterse el sol, nos hacíamos cuervos y nos íbamos volando para buscar el maíz que sembraban las gentes de Sayula, de Autlan, de Amola y de Tamazula. Volvíamos cada quien con su grano en el pico a esconderlo en la tierra de Zapotlán. Pero como nos costaba mucho trabajo encontrar las semillas y todos teníamos ganas de comer maíz, nuestro rey cuervo dijo que los que se tragaran el grano por el camino, se quedarían ya de cuervos, volando y graznando entre los surcos, buscando para siempre el maíz enterrado. Y muchos de nosotros no se aguantaron las ganas y se tragaron el grano en vez de sembrarlo en nuestra tierra. Y ya no volvieron a ser hombres como nosotros.

- No les tires a los cuervos, Layo, con tu escopeta. Ellos trajeron otra vez el maíz a Zapotlán. Y los que cayeron en la tentación, no tienen la culpa. Querían comer otra cosa, y ya estaban hartos de zapotes, de chirimoyas, calabazas y mezquites. Por eso andan volando todavía por los campos.

- Cuando vieron que nosotros cosechabamos maíz sin sembrarlo, porque no teníamos semilla y ellos sembraban y no se les daba, las gentes de Sayula, de Autlan, de Amola y de Tamazula hicieron la paz con nosotros y nos dejaron ir por la sal a las lagunas de Zacualco...

Este año, Juan Tepano, Primera Vara, anda contento como si a él y a los suyos ya les hubieran devuelto la tierra. Canta pedazos del alabado y dice versos y dichos viejos. Da unos pasos de danza. A la hora de comer cuenta un cuento. Y al ver que un cuervo pasa graznando por encima de la lumbre apagada, dice riéndose con el filo de la mano sobre los ojos:

- Mira, Layo, allí va volando un cristiano...

La Feria, Juan José Arreola.

She's A Tease // Why?



Mi nuevo vídeo favorito,
pongo los dos porque uno tiene algunas escenas distintas...

Cuenta una historia tibetana...


Cuenta una historia tibetana, que un día un viejo sabio preguntó a
sus seguidores lo siguiente: ¿Por qué la gente se grita cuando están
enojados?
Los hombres pensaron unos momentos:
-Porque perdemos la calma –dijo uno– por eso gritamos.
-Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?
–Preguntó el sabio– ¿No es posible hablarle en voz baja?
¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de
ellas satisfacía al sabio.

Finalmente él explicó:
-Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se
alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar,
para poder escucharse. Mientras más enojados estén,
más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro
a través de esa gran distancia.

Luego el sabio preguntó:
-¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?
Ellos no se gritan, sino que se hablan suavemente
¿Por qué? Sus corazones están muy cerca.
La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio continuó –Cuando se enamoran más aún,
¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven
aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera
susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca
están dos personas cuando se aman.

Luego dijo:
-Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen,
no digan palabras que los distancien más, llegará un día
en que la distancia sea tanta que no encontrarán más
el camino de regreso.

La noche // Eduardo Galeano


LA NOCHE / 1
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

LA NOCHE / 2
Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.

LA NOCHE / 3
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

LA NOCHE / 4
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.


Eduardo Galeano

Salvador Dali; Destino

Poema No. 12; Pablo Neruda


Para mi corazón basta tu pecho, 
para tu libertad bastan mis alas. 
Desde mi boca llegará hasta el cielo 
lo que estaba dormido sobre tu alma. 

Es en ti la ilusión de cada día. 
Llegas como el rocío a las corolas. 
Socavas el horizonte con tu ausencia. 
Eternamente en fuga como la ola. 

He dicho que cantabas en el viento 
como los pinos y como los mástiles. 
Como ellos eres alta y taciturna. 
Y entristeces de pronto, como un viaje. 

Acogedora como un viejo camino. 
Te pueblan ecos y voces nostálgicas. 
Yo desperté y a veces emigran y huyen 
pájaros que dormían en tu alma.

Pablo Neruda

Escalera al cielo


Un carpintero se puso un día a construir una escalera. Pasó un vecino, vio lo que estaba haciendo y le dijo:
“Si me regalas un pequeño pedazo, a mí me servirá mucho y a tu obra casi no le perjudicará, ¿pudieras regalarme un tramo de tu escalera?”
El carpintero se rascó la cabeza y se lo dio. El vecino se lo agradeció y se fue contento. Después vino otra persona y le explicó que, permitiéndole usar unos peldaños, trabajaría y alimentaría a sus hijos. El carpintero accedió y le regaló unos peldaños. El hombre se retiró contento y agradecido. El carpintero continuó trabajando en su obra. Pasó por allí una pobre mujer y le pidió que le regalara un pedazo de madera, ya que era urgente arreglar una pared de su casa por la que se colaba el viento. El carpintero accedió. La mujer se alejó contenta y agradecida. Vinieron muchos más y el carpintero seguía accediendo. El invierno era duro, la miseria muy grande y el carpintero daba a todos pedazos de su escalera, aun para quemarlos como leña.
Y decía:
“No comprendo, mujer. Mi escalera es cada vez más chica y, sin embargo, ¡siento que subo por ella al cielo!

Tu luz interior // Elisabeth Kubler-Ross


“Las personas son como vitrales.
Chispean y brillan cuando el sol está afuera,
pero cuando la noche se instala,
su verdadera belleza se revela sólo si hay una luz interior.”

Elisabeth Kubler-Ross

Hemail, fotografía y desnudos










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