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Oda a la Pobreza // Pablo Neruda


Oda a la Pobreza,  Pablo Neruda

Cuando nací,
pobreza,

me seguiste,
me mirabas
a través
de las tablas podridas

por el profundo invierno.
De pronto
eran tus ojos
los que miraban desde los agujeros.
Las goteras,
de noche,
repetían
tu nombre y tu apellido
o a veces
el salero quebrado,
el traje roto,
los zapatos abiertos,
me advertían.
Allí estaban
acechándome
tus dientes de carcoma,
tus ojos de pantano,
tu lengua gris
que corta
la ropa, la madera,
los huesos y la sangre,
allí estabas
buscándome,
siguiéndome
desde mi nacimiento
por las calles.
Cuando alquile una pieza
pequeña, en los suburbios,
sentada en una silla
me esperabas,
o al descorrer las sabanas
de un hotel oscuro,
adolescente,
no encontré la fragancia
de la rosa desnuda,
sino el silbido frió
de tu boca.
Pobreza
me seguiste
por los cuarteles y los hospitales,
por la paz y la guerra.
Cuando enferme tocaron
a la puerta:
no era el doctor, entraba
otra vez la pobreza.
Te vi sacar mis muebles
a la calle:
los hombres
los dejaban caer como pedradas.
Tu, con amor horrible,
de un montón de abandono
en medio de la calle y de la lluvia
ibas haciendo
un trono desdentado
y mirando a los pobres
recogías
mi ultimo plato haciéndolo diadema.
Ahora,
pobreza,
yo te sigo.
Como fuiste implacable,
soy implacable.
Junto
a cada pobre
me encontraras cantando,
bajo cada sabana
de hospital imposible
encontraras mi canto.
Te sigo,
pobreza,
te vigilo,
te cerco,
te disparo,
te aislo,
te cerceno las uñas,
te rompo
los dientes que te quedan.
Estoy
en todas partes:
en el océano con los pescadores,
en la mina
los hombres
al limpiarse la frente,
secarse el sudor negro, encuentran
mis poemas.
Yo salgo cada día
con la obrera textil.
Tengo las manos blancas
de dar el pan en las panaderías.
Donde vayas,
pobreza,
mi canto
esta cantando,
mi vida
esta viviendo,
mi sangre
esta luchando.
Derrotare
tus pálidas banderas
en donde se levanten.
Otros poetas
antaño te llamaron
santa,
veneraron tu capa,
se alimentaron de humo
y desaparecieron.
Yo
te desafió,
con duros versos te golpeo el rostro,
te embarco y te destierro.
Yo con otros,
con otros , muchos otros,
te vamos expulsando
de la tierra a la luna
para que allí te quedes
fría y encarcelada
mirando por un ojo
el pan y los racimos
que cubrirán la tierra
de mañana

Vamos hacia la vida // Ricardo Flores Magón


     No vamos los revolucionarios en pos de una quimera: vamos en pos de la realidad. Los pueblos ya no toman las armas para imponer un dios o una religión, los dioses se pudren en los libros sagrados; las religiones se deslíen en las sombras de la indiferencia. El Corán, los Vedas, la Biblia, ya no esplenden: en sus hojas amarillentas agonizan los dioses tristes como el sol en un crepúsculo de invierno.

Vamos hacia la vida. Ayer fue el cielo el objetivo de los pueblos: ahora es la tierra. Ya no hay manos que empuñen las lanzas de los caballeros. La cimitarra de Alí yace en las vitrinas de los museos. Las hordas del dios de Israel se hacen ateas. El polvo de los dogmas va desapareciendo al soplo de los años.

Los pueblos ya no se rebelan, porque prefieren adorar un dios en vez de otro. Las grandes conmociones sociales que tuvieron su génesis en las religiones, han quedado petrificadas en la historia. La Revolución francesa conquistó el derecho de pensar; pero no conquistó el derecho de vivir, y a tomar este derecho se disponen los hombres conscientes de todos los países y de todas las razas.

Todos tenemos derecho de vivir, dicen los pensadores, y esta doctrina humana ha llegado al corazón de la gleba como un rocío bienhechor. Vivir, para el hombre, no significa vegetar. Vivir significa ser libre y ser feliz. Tenemos, pues, todos derecho a la libertad y a la felicidad.

La desigualdad social murió en teoría al morir la metafísica por la rebeldía del pensamiento. Es necesario que muera en la práctica. A este fin encaminan sus esfuerzos todos los hombres libres de la tierra.

He aquí por qué los revolucionarios no vamos en pos de una quimera. No luchamos por abstracciones, sino por materlalidades. Queremos tierra para todos, para todos pan. Ya que forzosamente ha de correr sangre, que las conquistas que se obtengan beneficien a todos y no a determinada casta social.

Por eso nos escuchan las multitudes; por eso nuestra voz llega hasta las masas y las sacude y las despierta, y, pobres como somos, podemos levantar un pueblo.

Somos la plebe; pero no la plebe de los Faraones, mustia y doliente; ni la plebe de los Césares, abyecta y servil; ni la plebe que bate palmas al paso de Porfirio Díaz. Somos la plebe rebelde al yugo; somos la plebe de Espartaco, la plebe que con Munzer proclama la igualdad, la plebe que con Camilo Desmoulins aplasta la Bastilla, la plebe que con Hidalgo incendia Granaditas, somos la plebe que con Juárez sostiene la Reforma.

Somos la plebe que despierta en medio de la francachela de los hartos y arroja a los cuatro vientos como Un trueno esta frase formidable: ¡Todos tenemos derecho a ser libres y felices!. Y el pueblo, que ya no espera que descienda a algún Sinaí la palabra de Dios grabada en unas tablas, nos escucha. Debajo de las burdas telas se inflaman los corazones de los leales. En las negras pocilgas, donde se amontonan y pudren los que fabrican la felicidad de los de arriba, entra un rayo de esperanza. En los surcos medita el peón. En el vientre de la Tierra el minero repite la frase a sus compañeros de cadenas. Por todas partes se escucha la respiración anhelosa de los que van a rebelarse. En la obscuridad, mil manos nerviosas acarician el arma y mil pechos impacientes consideran siglos los días que faltan para que se escuche este grito de hombres: ¡rebeldía!

El miedo huye de los pechos: sólo los viles lo guardan. El miedo es un fardo pesado, del que se despojan los valientes que se avergüenzan de ser bestias de carga. Los fardos obligan a encorvarse, y los valientes quieren andar erguidos. Si hay que soportar algún peso, que sea un peso digno de titanes; que sea el peso del mundo o de un universo de responsabilidades.

¡Sumisión! es el grito de los viles; ¡rebeldía! es el grito de los hombres. Luzbel, rebelde, es más digno que el esbirro Gabriel, sumiso.

Bienaventurados los corazones donde enraiza la protesta. ¡Indisciplina y rebeldía!, bellas flores que no han sido debidamente cultivadas.

Los timoratos palidecen de miedo y los hombres serios se escandalizan al oír nuestras palabras; los timoratos y los hombres serios de mañana las aplaudirán. Los timoratos y los serios de hoy, que adoran a Cristo, fueron los mismos que ayer lo condenaron y lo crucificaron por rebelde. Los que hoy levantan estatuas a los hombres de genio, fueron los que ayer los persiguieron, los cargaron de cadenas o los echaron a la hoguera. Los que torturaron a Galileo y le exigieron su retractación, hoy lo glorifican; los que quemaron vivo a Giordano Bruno, hoy lo admiran; las manos que tiraron de la cuerda que ahorcó a John Brown, el generoso defensor de los negros, fueron las mismas que más tarde rompieron las cadenas de la esclavitud por la guerra de secesión; los que ayer condenaron, excomulgaron y degradaron a Hidalgo, hoy lo veneran; las manos temblorosas que llevaron la cicuta a los labios de Sócrates, escriben hoy llorosas apologías de ese titán del pensamiento.

Todo hombre -dice Carlos Malato- es a la vez el reaccionario de otro hombre y el revolucionario de otro también.

Para los reaccionarios -hombres serios de hoy- somos revolucionarios; para los revolucionarios de mañana nuestros actos habrán sido de hombres serios. Las ideas de la humanidad varian siempre en el sentido del progreso, y es absurdo pretender que sean inmutables como las figuras de las plantas y los animales impresas en las capas geológicas.

Pero si los timoratos y los hombres serios palidecen de miedo y se escandalizan con nuestra doctrina, la gleba se alienta. Los rostros que la miseria y el dolor han hecho feos, se transfiguran; por las mejillas tostadas ya no corren lágrimas; se humanizan las caras, todavía mejor, se divinizan, animadas por el fuego sagrado de la rebelión. ¿Qué escultor ha esculpido jamás un héroe feo? ¿Qué pintor ha dejado en el lienzo la figura deforme de algún héroe? Hay una luz misteriosa que envuelve a los héroes y los hace deslumbradores. Hidalgo, Juárez, Morelos, Zaragoza, deslumbran como soles. Los griegos colocaban a sus héroes entre los semidioses.

Vamos hacia la vida; por eso se alienta la gleba, por eso ha despertado el gigante y por eso no retroceden los bravos. Desde su Olimpo, fabricado sobre las piedras de Chapultepec, un Júpiter de zarzuela pone precio a las cabezas de los que luchan; sus manos viejas firman sentencias de canibales; sus canas deshonradas se rizan como los pelos de un lobo atacado de rabia. Deshonra de la ancianidad, este viejo perverso se aferra a la vida con la desesperación de un náufrago. Ha quitado la vida a miles de hombres y lucha a brazo partido con la muerte para no perder la suya.

No importa; los revolucionarios vamos adelante. El abismo no nos detiene: el agua es más bella despeñándose.

Si morimos, moriremos como soles: despidiendo luz.

Antonio Gala // Nadie mojaba el aire...


Nadie mojaba el aire...

Nadie mojaba el aire
tanto como mis ojos.
Me decías: "¿Trabajas?"
Me decías: "¿Ya es la hora del té?"
Y yo no te decía: "Te amo";
no te decía:
"Eres todo lo que tengo";
no te decía:
"Eres la única rosa en la que caben
todas las primaveras".
Me decías:
"Adiós, hasta mañana".
O me decías:
"¿Necesitas algo?".
Y yo no te decía:
"Me estoy muriendo
de amor... me estoy muriendo".
Nadie mojaba el aire
como yo.




las 7 leyes alquimicas de Teofrasto Paracelso



1.- Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un habito que debes a tu propia dignidad.

2.- Desterrar absolutamente de tu ánimo, por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza. Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3.- Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4.- Hay que olvidar toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5.- Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.

6.- Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

7.- Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el DESASTRE. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, verás que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan GRAN RIQUEZA, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan.

Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer GRANDES Y NOBLES obras; pero la DICHA MÁS DURADERA solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo SATÁN de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el EGOÍSMO. Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La HUMILDAD te sustraerá fuerzas y la VANIDAD es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal conta el ESPÍRITU SANTO.

Teofrasto Paracelso, fue un alquimista, médico y astrólogo suizo.


Ricardo López Méndez // Credo o México, creo en ti


Credo

I

México, creo en ti,
como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
y sin embargo ríes demasiado,
acaso porque sabes que la risa
es la envoltura de un dolor callado.

II

México, creo en ti,
sin que te represente en una forma
porque te llevo dentro; sin que sepa
lo que tú eres en mí, pero presiento
que mucho te pareces a mi alma
que sé que existe pero no la veo.

III

México, creo en ti,
en el vuelo sutil de tus canciones
que nacen porque sí; en la plegaria
que yo aprendí para llamarte Patria,
algo que es mío en mí, como tu sombra
que se tiende con vida sobre el mapa.

IV

México, creo en ti,
en forma tal que tienes de mi amada
la promesa y el beso que son míos,
sin que sepa por qué se me entregaron;
no sé si por ser bueno o por ser malo,
o porque del perdón nazca el milagro.

V

México, creo en ti,
sin preocuparme el oro de tu entraña;
es bastante la vida de tu barro
que refresca lo claro de las aguas,
en el jarro que llora por los poros
la opresión de la carne de tu raza.

VI

México, creo en ti,
porque creyendo te me vuelves ansia
y castidad y celo y esperanza.
Si yo conozco el cielo es por tu cielo,
si conozco el dolor es por tus lágrimas
que están en mí aprendiendo a ser lloradas.

VII

México, creo en ti,
en tus cosechas de milagrería
que sólo son deseo en las palabras.
Te contagias de auroras que te cantan,
¡y todo el bosque se te vuelve carne!
¡y todo el hombre se te vuelve selva!

VIII

México, creo en ti,
porque nací de ti, como la flama
es compendio del fuego y de la brasa;
porque me puse a meditar que existen
en el sueño y materia que me forman
y en el delirio de escalar montañas.

IX

México, creo en ti,
porque escribes tu nombre con la X
que algo tiene de cruz y de calvario;
porque el águila brava de tu escudo
se divierte jugando a los “volados”
con la vida y, a veces, con la muerte.

X

México, creo en ti,
como creo en los clavos que te sangran;
en las espinas que hay en tu corona,
y en el mar que te aprieta la cintura
para que tomes en la forma humana
hechuras de sirena en las espumas.

XI

México, creo en ti,
Porque si no creyera que eres mío
el propio corazón me lo gritara,
y te arrebataría con mis brazos
a todo intento de volverte ajeno
¡sintiendo que a mí mismo me salvaba!

XII

México, creo en ti,
porque eres el alto de mi marcha
y el punto de partida de mi impulso.
¡Mi Credo, Patria, tiene que ser tuyo,
como la voz que salva
Y como el ancla…!

Paco Ibáñez // como tú // Letra



Así es mi vida, mi vida, piedra, como tú
Como tú 
piedra pequeña, como tú 
piedra ligera, como tú 
como tú
canto que ruedas, como tú 
por las veredas, como tú
Como tú
guijarro humilde, como tú
de las carreteras, como tú
Como tú
piedra pequeña, como tú
como tú
guijarro humilde, como tú
Como tú
que en días de tormenta, como tú
te hundes en la tierra, como tú
Como tú
y luego centelleas, como tú
bajo los cascos, bajo las ruedas, como tú
Como tú
piedra pequeña, como tú
como tú
guijarro humilde, como tú
Como tú
que no sirves para ser ni piedra, como tú
ni piedra de una lonja, como tú
ni piedra de un palacio
ni piedra de una iglesia
ni piedra de una audiencia, como tú
Como tú
piedra aventurera, como tú
que tal vez estas hecha, como tú
Como tú
solo para una honda, como tú
piedra pequeña, como tú
Como tú
lalarara lalarara


Mario Benedetti "El paraíso"



"El paraíso"

Los verdugos suelen ser católicos
creen en la santísima trinidad
y martirizan al prójimo como un medio
de combatir al anticristo
pero cuando mueren no van al cielo
porque allí no aceptan asesinos

sus víctimas en cambio son mártires
y hasta podría ser ángeles o santos
prefieren ser deshechos antes que traicionar
pero tampoco van al cielo
porque no creen que el cielo exista.

Piedritas en la ventana... Mario Benedetti



Piedritas en la ventana

De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que esta ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme la cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas
quien sabe donde quedan mis próximas huellas
ni cuando mi historia va a ser computada
quien sabe que consejos voy a inventar aun
y que atajo hallare para no seguirlos
esta bien no jugare al desahucio
no tatuare el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca
esta bien me doy por persuadido
que la alegría no tire mas piedras
abriré la ventana.

Algunas citas de Diego Rivera




        Los negreros henequeneros dieron un numeroso e ilustre contingente a la aristocracia porfiriana. Felipe Carrillo Puerto los arruinó porque hizo de los antiguos esclavos de ellos los mexicanos mejor organizados de todo el país. Y como en México la revolución política ha hecho morir a 500 mil hijos del pueblo, pero casi no ha tocado a los burgueses culplables de la matanza, Felipe tenía que caer tarde o temprano bajo la bala o el puñal que ellos pagaran, como seguirán cayendo en México todos los revolucionarios que fíen más en la fuerza de la razón que en la del perpetuo pie de guerra. 

        Los ricos y todos los que viven trabajando poco y ganando mucho, chupando la sangre del pueblo, empiezan a percibirse de lo que pasa y a formarse planes y poner ganchos para el trabajador. Los que viven del sudor del pueblo, componen partidos nuevos a los que ponen nombres socialistas o algo parecido; por eso esté es el momento en que el trabajador debe tener más cuidado para no caer en la trampa que le ponen esos señores que lo que quieren es subir y se proclaman, con tal fin, amigos del pueblo cívico-progresista y al mismo tiempo invitan a los burgueses, empleados y profesionistas a defender sus intereses en contra de los del obrero y el campesino. Esos entes son iguales a los que en Italia se llaman facistas, quieren y hacen lo mismo que aquellos: apoderarse del poder y poner un pie en el pescuezo del trabajador.

     Tengo guardados en un banco, sí señores, hasta cinco mil dólares, así en dólares, moneda americana, porque en México no tengo compradores para mis cuadros, aparte de cinco amigos mpios que se han atrevido; esos dólares los conservo como una pequeña reserva, precisamente; para no "depender del presupuesto" y garantizarme con esa suma que representa menos de los que algunos de nuestros próceres juegan en un cuarto de hora de póker, la libertad de pensamiento y acción y expresión como hombre libre, sin tener necesidad de depender del presupuesto de la internacional de Moscú, ni temer ser expulsado, como lo fui, por el partido estalinista, excomunista, ni tampoco temer mi expulsión del presupuesto nacional, guardando siempre,pese a quienes pese, y en donde quiera que sea, mis convicciones revolucionarias.

Memorial de Tlatelolco, Rosario Castellanos




La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
Para que nadie viera la mano que empuñaba
El arma, sino sólo su efecto de relámpago.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en el radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordamos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.


Memorial de Tlatelolco
Rosario Castellanos

Carta de Luis Cardoza y Aragón a André Breton



        Siento en las entrañas la vida pasada de México, como a veces siento mis entrañas sobre la piedra de sacrificios. Lo maravilloso es tejido con la misma materia que los días, los segundos y los siglos de México. Su misteriosa substancia forma lodos con el trajín de nuestros zapatos... y es que México nos sobrepasa terriblemente, dolorosamente, infinitamente... La imantación que crea en el aire la imagen que de México nos forjamos... Estamos en la tierra de la belleza convulsiva, en la patria de los delirios comestibles... La supremacía de nuestra naturaleza, de nuestro tiempo, de nuestra realidad indígena, es tan avasalladora y orgullosamente inclemente que nos ofrece hasta una nueva muerte distinta de las otras muertes. México tiene su muerte como tiene su vida diferente de las otras vidas... México es, poéticamente, como un inmenso parque teológico, con sus dioses sueltos, con sus fuerzas sueltas... Los ídolos y todos los generadores de amor y poesía saltan a su cielo... He necesitado de las matemáticas más severas del idioma para bosquejar a México apresuradamente. Le he pensado sobre las alas de las mariposas.

Arctic Monkeys // Do I Wanna Know? // letra



¿Tienes color en las mejillas? 
¿Alguna vez te entra el miedo de no poder cambiar la marea 
Que se queda alrededor como algo en tus dientes? 
Escondiendo algunos ases en tu manga 
¿No tienes ni idea de que estás hasta el fondo? 
He soñado contigo casi todas las noches de esta semana 
¿Cuántos secretos puedes mantener? 
Porque está esta canción que he encontrado 
Que de alguna manera me hace pensar en ti 
Y la pongo en repeat 
Hasta que me quedo domido 
Derramando bebidas en mi sofá 

¿Quiero saber 
Si este sentimiento fluye en ambos snetidos? 
Triste de verte irte 
De alguna manera estaba esperando que te quedaras 
Nena ambos sabemos 
Que las noches principalmente fueron hechas para decir cosas 
Que no puedes decir mañana por el día 

Arrastrándome de vuelta a ti 
¿Alguna vez pensaste en llamar cuando habías tomado unas cuantas? 
Porque yo siempre lo hago 
Quizás estoy demasiado ocupado siendo tuyo para pillarme por alguien nuevo 
Ahora que lo he pensado bien 
Arrastrándome de vuelta a ti 

¿Así que tienes las agallas? 
He estado preguntándome si tu corazón sigue abierto 
Y de ser así quiero saber a que hora cierra 
Tranquilizate y haz pucheros 
Siento interrumpir 
Es sólo que estoy constantemente a punto 
De intentar besarte 
No sé si sientes lo mismo que yo 
Pero podríamos estar juntos si quisieras 

¿Quiero saber 
Si este sentimiento fluye en ambos snetidos? 
Triste de verte irte 
De alguna manera estaba esperando que te quedaras 
Nena ambos sabemos 
Que las noches principalmente fueron hechas para decir cosas 
Que no puedes decir mañana por el día 

Arrastrándome de vuelta a ti 
¿Alguna vez pensaste en llamar cuando habías tomado unas cuantas? 
Porque yo siempre lo hago 
Quizás estoy demasiado ocupado siendo tuyo para pillarme por alguien nuevo 
Ahora que lo he pensado bien 

Arrastrándome de vuelta a ti 
Demasiado ocupado siendo tuyo para caer 
¿Alguna vez has pensado en llamar, cariño? 
¿Quieres que me arrastre de vuelta a ti?

Encargo // Rosario Castellanos



Cuando yo muera dadme la muerte que me falta
y no me recordéis.
No repitáis mi nombre hasta que el aire sea
transparente otra vez.

No erijáis monumentos que el espacio que tuves
entero lo devuelvo a su dueño y señor
para que advenga el otro, el esperado
y resplandezca el signo del favor.

Rabindranath Tagore, un cuento sobre Dar y Recibir




Postrado a la vera del camino, esperaba que pasara alguien caritativo que me lanzara una moneda. De pronto vi venir un cortejo que rodeaba a una carroza tirada por seis caballos. Pensé: Un gran señor se ha dignado cruzar por esta aldea. Es posible que me deje caer una generosa limosna.

Esperé anhelante mientras la carroza se detuvo enfrente mío. De ella descendió un personaje ricamente ataviado, al que supliqué: ¡ Señor, una moneda !… Pero, para mi desconcierto, el gran señor extendió su mano y me preguntó: «¿Tienes algo para darme?». ¡A mí, al mísero, él le pedía ! No podía creerlo, pero seguía delante de mí con la mano tendida…

Vacilando, hurgué en mi raída bolsa, en busca de algo que pudiera dar, algo pequeño que no mermara mis tan escasas pertenencias. Encontré un grano de trigo, que coloqué en esa mano insistente. El me dijo:
«¡ Gracias !». Subió a su carroza y se marchó.

En la noche, al llegar a mi albergue, vacié en el suelo el contenido de mi bolsa, buscando algún mendrugo que pudiera servirme de cena y, entre los desechos recolectados, había un grano de trigo de oro, Sollocé amargamente:

¡ Señor, debí habértelo dado todo !

Rabindranath Tagore

Canción // Rosario Castellanos



                                                             Canción

                                                             Yo conocí una paloma
                                                             con las dos alas cortadas;
                                                             andaba torpe, sin cielo,
                                                             en la tierra, desterrada.

                                                             La tenía en mi regazo
                                                             y no supe darle nada.
                                                             Ni amor, ni piedad, ni el nudo
                                                             que pudiera estrangularla.

Lo que algunos genios piensan de los gatos



“El hombre es civilizado en la medida que comprende a un gato.”
George Bernard Shaw

“No puedes nunca ser dueño de un gato;
en el mejor de los casos te permite ser su acompañante.”
Harry Swanson

“He estudiado muchos filósofos y muchos gatos.
La sabiduría de los gatos es infinitamente superior.”
Hippolyte Taine

“Mi gato nunca se ríe o se lamenta, siempre está razonando.”
Miguel de Unamuno

“El paraíso jamás será paraíso a no ser que mis gatos estén ahí esperándome.”
Epitafio en un cementerio de animales

“Dios hizo el gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre.”
Víctor Hugo

“Si yo prefiero los gatos a los perros es porque no hay gatos policías.” -
Jean Cocteau

“No hay gatos corrientes.”
Colette

“Los gatos saben por instinto la hora exacta a la que van a despertarse sus amos,
y los despiertan diez minutos antes.”
Jim Davis

“Se convierte en compañero de tus horas de soledad, melancolía y pesar. Permanece veladas enteras en tus rodillas, ronroneando satisfecho, feliz por hallarse contigo, y prescinde de la compañía de animales de su propia especie. Los gatos se complacen en el silencio, el orden y la quietud, y ningún lugar les conviene mejor que el escritorio de un hombre de letras. Es una labor muy difícil ganar el afecto de un gato; será tu amigo si siente que eres digno de su amistad, pero no tu esclavo.
Theóphile Gautier

“Dos personas, al conocerse, se relajan totalmente cuando descubren que ambas tienen gatos. Y se zambullen en las anécdotas.”
Charlotte Gray

“Los gatos tienen una absoluta honestidad emocional;
los seres humanos, por una razón u otra,
pueden ocultar sus sentimientos,pero el gato, no.” -
Ernest Hemingway

“Si quieres escribir sobre seres humanos,
lo mejor que puedes tener en casa es un gato.”
Aldous Huxley

“El gato es el único animal que ha logrado domesticar al hombre.”
Marcel Mauss

“Todo gato siempre buscará, y generalmente encontrará,
el sitio más confortable dentro de una habitación seleccionada al azar.”
Ondinet

“El nivel de interés de un gato en algo será inversamente proporcional al esfuerzo que su dueño esté haciendo para captar su interés sobre ese algo.”
Pattison

“¿Qué importa si el gato es blanco o negro, con tal que cace ratones?.”
Den Xiao Pin

“El ideal de la calma es un gato sentado.”
Jean Renard

“El gato no nos acaricia, se acaricia con nosotros.”
Antoine Rivarol

“El hombre tiene dos medios para refugiarse de las miserias de la vida:
la música y los gatos.”
Albert Schweitzer

“Los gatos son misteriosos;
pasa más por su mente de lo que nunca podríamos imaginarnos.”
Walter Scott

“El más pequeño gato es una obra maestra.”
Leonardo da Vinci
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