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las 7 leyes alquimicas de Teofrasto Paracelso



1.- Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un habito que debes a tu propia dignidad.

2.- Desterrar absolutamente de tu ánimo, por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza. Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3.- Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4.- Hay que olvidar toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5.- Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.

6.- Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

7.- Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el DESASTRE. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, verás que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan GRAN RIQUEZA, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan.

Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer GRANDES Y NOBLES obras; pero la DICHA MÁS DURADERA solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo SATÁN de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el EGOÍSMO. Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La HUMILDAD te sustraerá fuerzas y la VANIDAD es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal conta el ESPÍRITU SANTO.

Teofrasto Paracelso, fue un alquimista, médico y astrólogo suizo.


La leyenda de Brahma y Maya


    Existe una vieja historia de India que nos habla de la soledad de Dios: Brahma. No existía nada más que Brahma, y por esa razón estaba muy aburrido. Brahma decidió jugar a un juego, pero no tenía a nadie con quien jugar. De modo que creó a una hermosa diosa, Maya, con el único propósito de divertirse. Una vez que Maya existió y Brahma le explicó el propósito de su existencia, ella le dijo: «De acuerdo, juguemos al juego más maravilloso, pero tú harás lo que yo te diga». Brahma aceptó y, siguiendo las instrucciones de Maya, creó todo el universo. Creó el Sol y las estrellas, la Luna y los planetas. Después, la vida en la Tierra: los animales, los océanos, la atmósfera, todo.

Entonces Maya le dijo: «Qué bello es este mundo de ilusión que has creado. Ahora quiero que crees un tipo de animal que sea tan inteligente y goce de tal conciencia que esté capacitado para apreciar tu creación». Finalmente, Brahma creó a los seres humanos, y una vez que acabó con la creación, le preguntó a Maya cuándo iba a empezar el juego. «Lo empezaremos de inmediato», dijo ella.

Cogió a Brahma y lo cortó en miles de pedacitos diminutos. Puso un trocito en el interior de cada ser humano y dijo: «¡Ahora empieza el juego! ¡Voy a hacer que olvides quién eres y tendrás que encontrarte a ti mismo!».

Los mandamientos de Gurdjieff



Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
Termina siempre lo que comenzaste.
Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
Desarrolla tu generosidad sin testigos.
Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.
Ordena lo que has desordenado.
Aprende a recibir, agradece cada don.
Cesa de autodefinirte.
No mientas ni robes, si lo haces te mientes y te robas a ti mismo.

Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
No desees ser imitado.
Haz planes de trabajo y cúmplelos.
No ocupes demasiado espacio.
No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
Si no la tienes, imita la fe.
No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
No te apropies de nada ni de nadie.
Reparte equitativamente.
No seduzcas.

Come y duerme lo estrictamente necesario.
No hables de tus problemas personales.
No emitas juicios ni cri­ticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
No establezcas amistades inútiles.
No sigas modas.
No te vendas.
Respeta los contratos que has firmado.
Sé puntual.
No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
Habla sólo lo necesario.

No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
Nunca amenaces.
Realiza tus promesas.
En una discusión ponte en el lugar del otro.
Admite que alguien te supere.
No elimines, sino transforma.
Vence tus miedos, cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
Ayuda al otro a ayudarse a si­ mismo.
Vence tus antipatí­as y acércate a las personas que deseas rechazar.

No actúes por reacción a lo que digan bueno o malo de ti.
Transforma tu orgullo en dignidad.
Transforma tu cólera en creatividad.
Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
Transforma tu odio en caridad.
No te alabes ni te insultes.
Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
No te quejes.
Desarrolla tu imaginación.
No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.

Paga los servicios que te dan.
No hagas propaganda de tus obras o ideas.
No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatí­a, complicidad.
No trates de distinguirte por tu apariencia.
Nunca contradigas, sólo calla.
No contraigas deudas, adquiere y paga en seguida.
Si ofendes a alguien, pi­dele perdón.
Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público.
Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.

No conserves objetos inútiles.
No te adornes con ideas ajenas.
No te fotografíes junto a personajes famosos.
No rindas cuentas a nadie, sé tu propio juez.
Nunca te definas por lo que posees.
Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
Acepta que nada es tuyo.
Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal considéralo tu maestro.
No mires con disimulo, mira fijamente.

No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
En el lugar en que habites consagra siempre un sitio a lo sagrado.
Cuando realices un servicio no resaltes tus esfuerzos.
Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.
Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.
No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.
Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.
Vive de un dinero ganado por ti mismo.
No te jactes de aventuras amorosas.
No te vanaglories de tus debilidades.

Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.
Obtén para repartir.
Si estás meditando y llega un diablo, pon ese diablo a meditar…



Amor en libertad, cuento



Como los mayores daban demasiadas vueltas con la respuesta, las cuatro niñas decidieron preguntarle a su sabio preceptor:

-Maestro, dinos qué es el amor. Nuestros padres nos responden que lo sabremos cuando seamos mayores. ¿Acaso es algo malo?
-No es nada malo, más tampoco ellos están equivocados. No sabréis que es el amor hasta sentirlo. Pero, mientras, podemos aprender algo para reconocerlo. Mañana os daré un regalo.

Al otro día el preceptor les entregó cuatro pequeñas jaulas con un pájaro en cada una.
-Son para vosotras, pequeñas. Cuidad cada una el vuestro. Como veis, son pequeños, alegres y saben cantar. No quiero saber nada de ellos hasta que no os pregunte personalmente. Pero sobretodo que cada una cuide del suyo. El tiempo pasó, y entre clase y clase el maestro vio que los rostros de las niñas cambiaban cada día. En sus gestos y miradas notaba alternativamente la felicidad, la preocupación, la melancolía o el júbilo; a veces todas parecían tristes o las cuatro eran una expresión de alegría. Cuchicheaban entre ellas y era evidente que se morían por contarle algo. Tras un par de meses, en los que vio en las niñas el paso de todos los sentimientos, les pidió que al día siguiente trajeran sus jaulas.

La primera en hablar fue la que parecía más contenta con el suyo. Lo había puesto en una jaula más grande, con sus pequeños columpios para saltar y tacitas de agua para beber.
-Veo que tu pajarito está muy bien acostumbrado a su nueva jaula. Está gordo y parece saludable. Más no oigo que cante, dijo el tutor.
-Es verdad. No me había dado cuenta-respondió la niña-. ¡Parece tan contento!
-Es evidente que lo quieres. El amor es cuidar a quien amamos, pero también hay que escuchar y saber qué quiere de nosotros. Posiblemente esté agradecido por lo que haces por él, aunque no estoy seguro de que esté muy a gusto, ya que por alguna razón ha dejado de cantar.

La segunda le mostró la suya, en la que el pajarillo había crecido notablemente; estaba bastante gordo y apenas podía moverse en su pequeña jaula.
-Veo que el tuyo está bien alimentado, diría que demasiado. Y tampoco canta. Parece que para ti el amor es dar en exceso, lo que a la larga no será bueno para ambos. Le has dado tanto de comer que este animalito ya no podrá salir de su jaula y tendrás que romperla si quieres liberarlo. Está incómodo y de mal humor. Míralo, lo suyo es simplemente esperar, no le has enseñado a hacer otra cosa. Haz como tu hermana, dale más espacio y menos comida. Tal vez acabe cantando para comunicarse contigo… o porque es más feliz. Tú también tendrás que aprender a observarlo: quizá quiera otra cosa.

La tercera le mostró su jaula vacía, y entre sollozos le contó que quería tanto a su mascota que cada día lo sacaba de la jaula y la tenía un rato en sus manos. Pero un día pensó que tenía frío y la cobijó bajo su abrigo, y cuando quiso darse cuenta había muerto.
-No llores, pequeña-dijo el preceptor-.A veces el amor es como un pajarillo en nuestras manos: si la abrimos demasiado echa a volar, pero si lo apretamos mucho se muere. Te regalaré otro y sabrás ahora como cuidarlo. El pobrecillo ya te ha enseñado lo más difícil del amor.

La cuarta niña también le mostró su jaula vacía, pero la expresión de su rostro no era de tristeza, sino de pícara alegría.
-¿Y tú qué me cuentas?, preguntó el sabio.
La niña le hizo un gesto y se acercó a la ventana. La abrió, sacó un puñado de granos del bolsillo y lo esparció en el alféizar. Unos segundos después, cinco o seis pajaritos se posaron allí y no dejaron ni un solo grano. Después volaron a un árbol cercano, desde donde llegó hasta la habitación un concierto de gorjeo y silbidos.
-¿Uno de esos es el tuyo? volvió a preguntar el maestro.
La niña asintió.
-El mejor amor es el que se vive en libertad. Cada amor es diferente, pero a la vez ese amor es único. Espero que lo hayas hecho porque amar a un animalito no es lo mismo que el amor entre ellos. Lo has dejado en libertad para elegir, y creo que ya ha hecho amigos y tiene pareja, pero también te quiere a su modo y te devuelve amor en su canto. Si llegas a amar así serás feliz.

Rabindranath Tagore, un cuento sobre Dar y Recibir




Postrado a la vera del camino, esperaba que pasara alguien caritativo que me lanzara una moneda. De pronto vi venir un cortejo que rodeaba a una carroza tirada por seis caballos. Pensé: Un gran señor se ha dignado cruzar por esta aldea. Es posible que me deje caer una generosa limosna.

Esperé anhelante mientras la carroza se detuvo enfrente mío. De ella descendió un personaje ricamente ataviado, al que supliqué: ¡ Señor, una moneda !… Pero, para mi desconcierto, el gran señor extendió su mano y me preguntó: «¿Tienes algo para darme?». ¡A mí, al mísero, él le pedía ! No podía creerlo, pero seguía delante de mí con la mano tendida…

Vacilando, hurgué en mi raída bolsa, en busca de algo que pudiera dar, algo pequeño que no mermara mis tan escasas pertenencias. Encontré un grano de trigo, que coloqué en esa mano insistente. El me dijo:
«¡ Gracias !». Subió a su carroza y se marchó.

En la noche, al llegar a mi albergue, vacié en el suelo el contenido de mi bolsa, buscando algún mendrugo que pudiera servirme de cena y, entre los desechos recolectados, había un grano de trigo de oro, Sollocé amargamente:

¡ Señor, debí habértelo dado todo !

Rabindranath Tagore

La historia de Diógenes y la esclavitud


      Diógenes, solía vivir desnudo, porque decía: «El hombre nace desnudo, y se debilita porque se protege con ropa». Y en ninguna parte del mundo hay algún animal con ropa... excepto algunos perros en Inglaterra. Inglaterra es un país misterioso. Los perros tienen ropa porque un perro desnudo no es cristiano. Te sorprenderá saber que, en la época victoriana, en Inglaterra incluso las patas de las sillas se cubrían con ropa, porque eran «piernas» y no era de caballeros mirar piernas desnudas.
      Diógenes vivía desnudo. Era un hombre fuerte. Cuatro personas que se dedicaban a raptar a gente y venderla como esclavos en el mercado pensaron: «Esta es una buena presa, este hombre puede hacernos ganar mucho dinero. Hemos vendido muchos esclavos, pero ninguno de ellos era tan fuerte, tan hermoso, tan joven. Podemos conseguir un precio tan alto como queramos; y habrá una gran puja en el mercado cuando pongamos a este hombre en la plataforma de venta. Pero —pensaron—, cuatro no somos suficientes para capturarlo. Él solo podría matarnos a todos».
      Diógenes oyó lo que estaban diciendo de él. Estaba sentado a orillas del río, disfrutando la brisa fresca del atardecer, bajo un árbol; y detrás del árbol esos cuatro hombres estaban planeando qué hacer. Él les interpeló.
      —No os preocupéis. ¡Venid aquí! No necesitáis preocuparos de que os vaya a matar, yo nunca mato nada. Y no necesitáis preocuparos de que vaya a luchar, a resistirme; no. Nunca lucho con nadie, no me resisto a nada. ¿Queréis venderme como esclavo?
      —Eso es lo que estábamos pensando. Somos pobres... si estás dispuesto... —dijeron esos cuatro hombres avergonzados, asustados.
      —Por supuesto que lo estoy —afirmó Diógenes—. Si puedo ayudaros de alguna manera a superar vuestra pobreza, es hermoso.
      De modo que sacaron las cadenas, pero él dijo:
      —Tiradlas al río; no necesitáis encadenarme. Caminaré delante de vosotros. No creo en escapar de nada. De hecho, me está ilusionando la idea de ser vendido, de estar sobre una plataforma alta y que haya cientos de personas tratando de conseguirme. Me ilusiona esta subasta... ¡vamos ya!
      Los cuatro se asustaron un poco más: este hombre no solo es fuerte, hermoso, parece que también está loco; podría ser peligroso. Pero ya no podían escaparse. Él les dijo: «Si intentáis huir, estaréis arriesgando vuestra propia vida. Seguidme, los cuatro. Ponedme en la plataforma del mercado».
      A disgusto le siguieron. ¡Habían querido llevárselo, pero él iba delante de ellos!
      No lo podían creer... ¿qué tipo de hombre era este? Pero ya no había manera de echarse atrás, así que le siguieron. Y cuando le pusieron sobre un alto pedestal para que pudiera verle todo el mundo, se produjo casi el silencio, se podía oír el vuelo de una mosca. La gente nunca había visto un cuerpo tan proporcionado, tan hermoso, fuerte como si estuviera hecho de acero.
      Antes de que el subastador dijera nada, Diógenes proclamó:
      —¡Escuchad! Aquí hay un maestro que se vende a cualquier esclavo, porque estos cuatro pobres necesitan dinero. Así que empezad la subasta; pero recordad, estáis comprando a un maestro.
      Lo compró un rey. Por supuesto, él podía hacerlo: ofreció más y más dinero en la subasta. Había mucha gente interesada, pero al final se les dio a los cuatro hombres una suma mayor que cualquiera que alguien había oído nunca antes. Diógenes les dijo:
      —¿Sois felices ahora? Ya podéis iros, y yo me iré con este esclavo.
      —¿Estás loco o qué? ¿Piensas que eres un maestro? ¿Yo soy rey y me consideras un esclavo? —dijo el rey a Diógenes mientras iban en el carruaje de camino al palacio.
      —Sí, y no estoy loco, tú estás loco —repuso Diógenes—. Te lo puedo demostrar ahora mismo. —En la parte trasera del carruaje estaba la reina. Diógenes continuó—: Tu esposa está ya interesada en mí, ha terminado contigo. Es peligroso adquirir un maestro.
      El rey quedó consternado. Desde luego, no era nada comparado con Diógenes. Desenvainó la espada y le preguntó a la reina: —¿Es verdad lo que dice? Si dices la verdad, te perdonaré la vida; esa es mi promesa. Pero si dices una falsedad, y lo descubro más adelante, te decapitaré. —Es verdad —aunque temerosa, asustada, contestó la reina—. Ante él, tú no eres nada. Estoy embelesada, fascinada; este hombre tiene magia. Eres solo un pobre hombre comparado con él. Ésta es la verdad.
      Naturalmente, el rey detuvo el carruaje y le dijo a Diógenes:
      —Sal de la carroza. Te dejo en libertad; no quiero tomar semejantes riesgos en mi palacio.
      —Gracias —dijo Diógenes—. Soy un hombre que no puede ser hecho esclavo, por la sencilla razón de que asumo toda la responsabilidad de mí mismo. No he dejado a aquellos cuatro hombres sintiéndose culpables: ellos no me trajeron, vine por voluntad propia. Seguro que se sienten agradecidos. Y este es tu carruaje, si quieres que salga de él, eso está perfectamente bien. No estoy acostumbrado en absoluto a carruajes, mis piernas son lo suficientemente fuertes. Soy un hombre desnudo, una carroza dorada no va bien conmigo.

Como encontrar la verdad...


      Un gran maestro estaba sentado en la costa, en la playa, y un hombre que buscaba la verdad se le acercó, le tocó los pies y le dijo:
      —Si no le molesto, quisiera hacer cualquier cosa que me sugiera para ayudarme a encontrar la verdad.         El maestro simplemente cerró los ojos y permaneció en silencio. El hombre hizo un gesto de desaprobación. Pensó para sí:
«Parece que este hombre está loco. Le he hecho una pregunta y cierra los ojos». Le sacudió ligeramente y le dijo:
      —¿Qué pasa con mi pregunta?
      —Ya la he respondido —afirmó el maestro—. Simplemente siéntese en silencio... no haga nada, y la hierba crece por sí sola. No necesita preocuparse por ello; todo sucederá. Simplemente siéntese en silencio, disfrute el silencio.
      —¿Puede darle un nombre a eso? Porque la gente me preguntará: «¿Qué estás haciendo?» —volvió a preguntar.
      Así que el maestro escribió en la arena con el dedo: meditación.
      —Esta respuesta es demasiado corta. Elabórela un poco más.
      El maestro escribió con letras muy grandes: MEDITACIÓN. —Pero esto son simplemente letras grandes. Ha escrito lo mismo.
      —Si digo más que eso, entonces será erróneo. Si logra comprenderlo, entonces simplemente haga lo que le he dicho, y lo sabrá — dijo el maestro.
     Y esa es también mi respuesta.

Sucedió en China, hace veinticinco siglos



      Sucedió en China, hace veinticinco siglos
      Lao Tse fue muy famoso, un sabio, sin duda alguna uno de los hombres más sabios de todos los tiempos. El emperador de China le pidió muy humildemente que fuera el jefe de su tribunal supremo, porque nadie podría guiar las leyes del país mejor que él. El trató de convencer al emperador: " No soy la persona adecuada ", pero el emperador seguía insistiendo. Lao Tse dijo:
      - Si no quiere usted escucharme... con un solo día que pase yo en el tribunal se convencerá de que no soy la persona adecuada, porque el sistema es erróneo. Así que intentémoslo.
      El primer día trajeron al tribunal a un ladrón que había robado casi la mitad de la fortuna del hombre más rico de la capital. Lao Tse escuchó el caso y luego dijo que tanto el ladrón como el hombre más rico deberían ir a la cárcel durante seis meses... ¿Qué está diciendo usted? Me han robado, me han desvalijado ... ¿Que tipo de justicia es esta, que me está mandando a la cárcel el mismo periodo de tiempo que el ladrón? - dijo el rico.
      -Ciertamente, no estoy siendo justo con el ladrón. Usted tiene más necesidad de estar en la cárcel, porque ha acumulado tanto dinero para usted mismo, ha privado a tanta gente de dinero. Miles de personas están en la miseria y usted sigue acumulando más y más dinero. ¿Para qué? Su propia avaricia está creando estos ladrones. Usted es responsable. El primer delito es suyo - respondió Lao Tse.
     - Antes de que me envíe a la cárcel, quiero ver al emperador, porque esto no es conforme a la constitución; esto no es conforme a la ley del país - protestó el rico.
      - Eso es culpa de la constitución y culpa de la ley del país . Yo no soy responsable, vaya a ver al emperador - replicó Lao Tse.
      El rico le dijo al emperador: - Escuche, este hombre debería ser depuesto de su cargo inmediatamente, es peligroso. Hoy voy yo a la cárcel, mañana estará en la cárcel usted. si quiere salvarse, hay que echar a este hombre; es absolutamente peligroso. Y es muy racional. Lo que dice es correcto, puedo entenderlo ¡Pero nos destruirá!
      El emperador lo comprendió perfectamente bien: si este rico es un criminal, entonces yo soy el mayor criminal del país. Lao Tse no dudará en enviarme a la cárcel.
      Lao Tse fué eximido de su cargo . Dijo:
      - Intenté decírselo antes, me está haciendo perder el tiempo innecesariamente. Le dije que no soy la persona adecuada. La realidad es que su sociedad, su ley y su constitución no están en lo correcto. Necesita gente errónea para hacer funcionar este sistema erróneo .


Torkom Saraydarian // Alegría y Curación


EJERCICIOS DE LA ALEGRÍA

Una vez, vino a nuestro monasterio un hombre que sufría de parálisis en su mano derecha. El Maestro le preguntó qué era lo que solía hacer con ella. Guardó un instante de silencio y luego dijo:

– Durante muchos años usé mi mano dercha para matar ovejas y toros.
– Cuántos mataste? -le preguntó el maestro
– Miles…

No escuché el resto de la conversación porque, de repente, sonó la campana para la cena. Después, le pregunté al Maestro cómo la matanza de animales podía paralizar la mano de alguien, y me contestó:

– Cada vez que este hombre sentía el dolor y el sufrimiento de los animales, disminuía la vitalidad de su mano hasta que, con el tiempo, esa vitalidad desapareció por completo. La falta de alegría causa parálisis.”

En esta época tecnológica, tal vez, la gente se ría de lo que decimos y lo considere una superstición. Pero mi Maestro curó en seis meses la parálisis de ese hombre, haciéndole practicar diariamente durante cuatro horas el ejercicio de la alegría.

Una vez, yo copié unos de sus ejercicios:

– Crea mentalmente la imagen de tu brazo derecho, y con él saca del río a un hombre que se está ahogando… Escribe con tu mano una carta alegre… Da con ella dinero y joyas a los pobres… Sirve con ella comida a centenares de personas…

El hombre de quien hablo solía seguir diariamente… los ejercicios que mi Maestro le enseñaba. Al cabo de seis meses, empleó esa mano para dar agua a un ciervo de la montaña que estaba de visita en nuestro huerto…”

Torkom Saraydarian, en “Alegría y Curación”

Otros ejercicios de la Alegría que propone el autor:

– Recordar una alegría de la primera infancia. Observa qué le ocurre a la persona que está volviendo a sentir su alegría pasada.
– Recordar un acontecimiento cuando otra persona estaba realmente alegre
– Recordar cuando otra persona compartió tu alegría
– Recordar una alegría que causaste a los demás
– Recordar una alegría que te causaron sin habérselo propuesto
– Recordar un momento de alegría que la Naturaleza te dió

Varias frases, Buda, Osho, Samuel Beckett, Aaron Paquette y Éric-Emmanuel Schmitt



El cambio no es doloroso.
Sólo la resistencia al cambio, lo es.
Buda


No voy a enfrentarme contigo,
voy a tener educación,
a honrar las viejas costumbres,
y caminar por la buena senda.
·
No voy a pelear contigo,
voy a superar tu miedo
con profunda compasión.
·
No voy a luchar contigo,
yo soy un guerrero.
Aaron Paquette


Me gustaría ofrecerte una técnica.
En realidad, es una técnica muy simple,
pero puede parecer muy difícil al principio.
Si la pruebas, descubrirás que es simple.
Si no la pruebas y te limitas a cavilar sobre ella,
va a resultar muy difícil.
·
La técnica es la siguiente:
haz solamente lo que te gusta.
Si no te gusta, no lo hagas.
·
Pruébalo y descubrirás ese gozo
que sólo puede venir de tu interior.
Cuando haces cualquier cosa que te gusta,
comienzas a reconectarte con tu centro.
Si haces algo que no te gusta,
te desconectas de tu centro.
·
La alegría viene del centro y de ningún otro lugar.
¡Así que úsala como criterio de verificación
y sé escrupuloso con el resultado!
Osho


Pensar no es bueno para tener confianza.
El pensamiento es el espíritu crítico,
pero es necesario pensar hasta que llegas
a ese umbral en el que el pensamiento
ya no sirve para nada y ahí
has de tirarte de cabeza:
o al miedo, o a la confianza.
Éric-Emmanuel Schmitt


Siempre lo intentaste.
Siempre fallaste.
No importa.
Inténtalo otra vez.
Falla de nuevo. Falla mejor.
Samuel Beckett

¿que harías con cincuenta y tres minutos para ahorrar?


Buenos días – dijo el principito.

Buenos días , dijo el comerciante. Era un vendedor de píldoras perfeccionadas que apaciguan la sed. Se toma una por semana y no se experimenta más deseos de beber

¿Por qué vendes eso? – dijo el principito.

Es una gran economía de tiempo. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

Se hace lo que se quiere…

“Yo, si tuviera cincuenta y tres minutos para ahorrar, caminaría lentamente hacia una fuente…”

Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”

Albert Casals, viajero en silla de ruedas



Entrevista en La Vanguardia con Albert Casals, viajero en silla de ruedas, sin acompañantes y sin dinero. Una demostración de que los límites siempre son imaginarios… Acaba de publicar un libro: “El mundo sobre ruedas” en el que cuenta sus aventuras

¿Desde cuándo vas en silla de ruedas?
Desde los ocho años. Tuve mononucleosis y leucemia: o me trataban a saco, con riesgo de provocarme alguna discapacidad, o me moría.

Y fueron a saco.
Sí. ¡Y el resultado ha sido perfecto!

¿No te importa la silla de ruedas?
Si hubiese querido ser futbolista… ¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!

¿No?
Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur… Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica…

¿Con quién viajas?
Me gusta viajar solo.

¿En silla de ruedas… ¡y solo!?
La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes…, y así haces un montón de amigos.

¿Desde cuándo viajas así?
A los catorce años les dije a mis padres que me iba. Fue muy duro para ellos permitir mi felicidad. Pusieron una condición: el primer viaje lo haría acompañado por mi padre. Fuimos a Bruselas y aprendí cosas útiles para viajar. Y, a partir de los quince años, ya he hecho todos esos viajes yo solo.

¿Y qué dicen hoy tus padres?
Sufren un poco, pero están contentos viéndome contento. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: “Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas”. Ellos facilitan mi felicidad.

¿Eres feliz, pues?
Plenamente, pues no hago nada que no quiera hacer en cada momento. Ahora me apetece hablar contigo, y si no, no estaría aquí.

¿Con qué dinero viajas?
Con tres euros al día.

No es posible.
Hace seis meses salí de casa con 20 euros para irme a Sudamérica, ¡y he vuelto con 20 euros en el bolsillo!

Pero… ¿y dónde duermes, y cómo comes y… cómo lo haces?
¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos.

Dicho así, sí parece fácil.
Claro. ¿Qué impide a todos los europeos hacerse vagabundos? Es maravilloso…

¿Qué buscas en tus viajes?
Ver cómo vive la gente, ver cómo son, conocerles, vivir con ellos, ser su amigo.

¿Y qué opinan tus amigos de aquí?
Me entienden, mis amigos son como yo: todos están haciendo lo que desean hacer, aunque a ellos no les apetece viajar.

¿No te da miedo viajar solo?
¿Qué puede pasarme peor que no realizar mis sueños?

Pueden robarte…
Al poco tiempo volveré a tener lo necesario, ¡seguro! Y nunca podrán robarme lo vivido.

… Puedes sufrir un accidente, morir…
Aun así, habría hecho lo que realmente quería, ¡habría sido más feliz que quedándome aquí contra mi deseo!

¿Qué haces al llegar a un sitio nuevo?
Voy a un parque, a una plaza, saco mis naipes… Al cabo de un rato hay niños, ¡y luego medio pueblo está alrededor!

¿Qué te dice la gente nueva con la que te vas encontrando?
Los adultos repiten dos preguntas: “¿De dónde sales?”, “¿Y tus padres?”. Algunos se escandalizaban de mis padres por dejarme solo… Alguna vez la policía me ha detenido por si me había escapado… Un niño solo por el mundo, feliz…, ¿qué tiene de malo?

Hombre…
Ahora, ya con 18 años cumplidos, ¡soy libre!

¿Qué llevas en tu mochila?
Una libreta, algún libro, un boli, una linterna, los naipes para juegos de manos, jabón, cojín, dos pantalones y dos camisetas, calzoncillos, chaqueta, botiquín, la tienda de campaña y el kit de reparación de la silla.

Dime lugares en que hayas dormido.
Playas, vagones de tren, parques, estaciones, coches, campos, comisarías, castillos en ruinas, casas abandonadas, casas de gente, cuevas, mansiones…

¿Cuál ha sido el mejor momento?
Viajar de noche en la caja de un camión en marcha, destapada. Podía sacar la cabeza al viento o acurrucarme. Fue chulísimo.

¿Y tu momento más peligroso?
He estado a punto de palmar volcando en un camión, y atravesando una selva con vampiros, y en una lancha de traficantes de motores entre islas caribeñas, zarandeados por una tormenta con olas de cinco metros: me golpeé, caí al agua inconsciente… y pudieron rescatarme por pelos.

¿Qué planes tienes ahora?
Recorrer toda el Áfricaoriental hasta llegar a Madagascar.

¿Nada te frena?
Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz.

¿Y no piensas estudiar, trabajar…?
No, si no me divierte. Me gustaría ser mediador o acoger niños… A veces me dicen: “Si no trabajas, ¡de viejo serás pobre!”. Pero, si llego a viejo, ¡tendré amigos por todo el mundo! ¿Se puede tener más?

John Lennon... lo que nos hicieron creer


“Nos hicieron creer que “el gran amor” sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años.

No nos contaron que el amor es accionado, ni llega en un momento determinado.

Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía es más agradable.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja y la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad.
 
No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Nos hicieron creer que el matrimonio es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos.

Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que solo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad.

No nos contaron que estas formulas son equivocadas, que frustran a las personas, son alienantes y que podemos intentar otras alternativas.

¡Ah! tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto, cada uno lo va a tener que descubrir solo.

Y ahí cuanto estés muy enamorado de ti, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien.

Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practique a plena luz del día.”

John Lennon

La voluntad de vivir precede a la vida misma... Jodorowsky



La reunión duró unas cuantas horas. Antes de despedirnos, Jodorowsky bajó la voz y dijo:

-Si abrís un huevo fresco de gallina, veréis que a menudo hay un puntito de sangre. Tomad una lupa y veréis que ese puntito late, a pesar de que el corazón del pollo todavía no se ha formado. ¿Sabéis qué quiere decir esto?

Esperamos en silencio a que contestara él mismo:

-¡El latido es antes que el corazón! La voluntad de vivir precede a la vida misma.”

Los celos...


Un discípulo le preguntó a su Maestro: “Usted ha dicho que los celos son el temor que uno tiene de que los otros le den al ser amado lo que uno no es capaz de darle… Pero, ¿qué pasa si uno puede darle también lo que los otros le dan?”

El Maestro contestó: “Como no conoces tus límites, porque rehuyes trabajar contigo mismo, no aceptas que hay algo que no le puedes dar al ser amado y crees que eso que le dan tú también podrías dárselo. Sin embargo, pregúntate por qué va a buscar en otros lo que tú crees tener, si cuanto más quien te ama preferiría obtener de tu mano que de una ajena. ¡Va lejos porque cerca no encuentra!… No somos infinitos: debes aprender a conocer tus límites para después darle al ser amado todo lo que eres. Ni menos ni más. Menos, sería egoísmo. Más, sería falsedad… Y si ese “todo” que das no llena al ser amado, debes aceptar con generosidad que tome de otros lo que tú no puedes darle. Porque amar no es querer encadenar al ser amado. Amar es querer que este llegue a la mayor realización de sí, aunque tú no obtengas provecho de ese logro… El verdadero amor , el amor consciente, no pide: sólo desea dar. Y agradece al otro la maravilla que es su presencia y su libre existencia.”

Cuenta una historia tibetana...


Cuenta una historia tibetana, que un día un viejo sabio preguntó a
sus seguidores lo siguiente: ¿Por qué la gente se grita cuando están
enojados?
Los hombres pensaron unos momentos:
-Porque perdemos la calma –dijo uno– por eso gritamos.
-Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?
–Preguntó el sabio– ¿No es posible hablarle en voz baja?
¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de
ellas satisfacía al sabio.

Finalmente él explicó:
-Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se
alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar,
para poder escucharse. Mientras más enojados estén,
más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro
a través de esa gran distancia.

Luego el sabio preguntó:
-¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?
Ellos no se gritan, sino que se hablan suavemente
¿Por qué? Sus corazones están muy cerca.
La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio continuó –Cuando se enamoran más aún,
¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven
aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera
susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca
están dos personas cuando se aman.

Luego dijo:
-Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen,
no digan palabras que los distancien más, llegará un día
en que la distancia sea tanta que no encontrarán más
el camino de regreso.

Lo que te diría Dios, según Baruch Spinoza


Deja de rezar y disfruta de la vida, trabaja, canta, diviértete con todo lo que he hecho para ti. Mi casa no son esos templos lúgubres, oscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi morada. Mi casa son los montes, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es donde vivo. Deja de culparme de tu vida miserable. Yo nunca dije que eras pecador y que tu sexualidad fuera algo malo. El sexo es un regalo que te he dado para que puedas expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. No me culpes de lo que te han hecho creer. No leas libros religiosos. Léeme en un amanecer, en el paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de un niño. Deja de tenerme miedo. Deja de pedirme perdón. Yo te llené de pasiones, de placeres, de sentimientos, de libre albedrío. ¿Cómo puedo castigarte si soy yo el que te hice? Olvídate de los mandamientos que son artimañas para manipularte. No te puedo decir si hay otra vida. Vive como si no la hubiera, como si esta fuera la única oportunidad de amar, de existir. Deja de creer en mí. Quiero que me sientas cuando besas a tu amada, acaricias a tu perro o te bañas en el mar. Deja de alabarme. No soy tan ególatra.

Así habla el Dios imaginario de Baruch Spinoza, filósofo panteísta del siglo XVII

La Parábola de lo dos lobos


Un indio muy sabio se encontraba enseñando a su pequeño nieto una de las lecciones más importantes de la vida. Le contó al pequeño niño la siguiente parábola:”Existe una pelea dentro de cada uno de nosotros. Es una terrible pelea entre dos lobos”, le dijo.

“Un lobo es malo. Es furia, rabia, envidia, remordimiento, avaricia, arrogancia, autocompasión, resentimiento, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego. El segundo lobo es bueno. Es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, empatía, verdad, compasión y fe”.

El nieto pensó sobre esto un momento. Entonces le preguntó al abuelo, “¿Que lobo ganará esta pelea?”

El abuelo simplemente respondió, “El que alimentes”.

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