Un gran maestro estaba sentado en la costa, en la playa, y un hombre que buscaba la verdad se le acercó, le tocó los pies y le dijo:
—Si no le molesto, quisiera hacer cualquier cosa que me sugiera para ayudarme a encontrar la verdad. El maestro simplemente cerró los ojos y permaneció en silencio. El hombre hizo un gesto de desaprobación. Pensó para sí:
«Parece que este hombre está loco. Le he hecho una pregunta y cierra los ojos». Le sacudió ligeramente y le dijo:
—¿Qué pasa con mi pregunta?
—Ya la he respondido —afirmó el maestro—. Simplemente siéntese en silencio... no haga nada, y la hierba crece por sí sola. No necesita preocuparse por ello; todo sucederá. Simplemente siéntese en silencio, disfrute el silencio.
—¿Puede darle un nombre a eso? Porque la gente me preguntará: «¿Qué estás haciendo?» —volvió a preguntar.
Así que el maestro escribió en la arena con el dedo: meditación.
—Esta respuesta es demasiado corta. Elabórela un poco más.
«Parece que este hombre está loco. Le he hecho una pregunta y cierra los ojos». Le sacudió ligeramente y le dijo:
—¿Qué pasa con mi pregunta?
—Ya la he respondido —afirmó el maestro—. Simplemente siéntese en silencio... no haga nada, y la hierba crece por sí sola. No necesita preocuparse por ello; todo sucederá. Simplemente siéntese en silencio, disfrute el silencio.
—¿Puede darle un nombre a eso? Porque la gente me preguntará: «¿Qué estás haciendo?» —volvió a preguntar.
Así que el maestro escribió en la arena con el dedo: meditación.
—Esta respuesta es demasiado corta. Elabórela un poco más.
El maestro escribió con letras muy grandes: MEDITACIÓN. —Pero esto son simplemente letras grandes. Ha escrito lo mismo.
—Si digo más que eso, entonces será erróneo. Si logra comprenderlo, entonces simplemente haga lo que le he dicho, y lo sabrá — dijo el maestro.
Y esa es también mi respuesta.
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