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¿Escuchas el silbato?


"Escuchábamos historias de lo que le estaba sucediendo a los judíos, pero intentábamos distanciarnos de ello, porque ¿qué se podía hacer para pararlo?
   Todos los domingos por la mañana escuchábamos el silbato del tren sonando en la distancia, y después las ruedas sobre las vías. Nos afectaba cuando escuchábamos gritos que provenían del tren al pasar junto a nosotros. ¡Nos dimos cuenta de que llevaban a los judíos como a ganado en los vagones!
   Semana tras semana el silbato sonaba. Sentíamos pavor de escuchar el sonido de aquellas ruedas sabíamos que escucharíamos los gritos de los judíos de camino al campo de exterminio. Sus alaridos nos atormentaban.
   Sabíamos cuándo venía el tren y cuando escuchábamos el sonido del silbato empezábamos a cantar himnos. Cuando el tren pasaba por nuestra iglesia, cantábamos con toda la fuerza de nuestras voces. Si escuchábamos los alaridos, cantábamos aún más alto y pronto dejábamos de escucharlos.
   Han pasado los años y ya nadie habla de ello, pero yo sigo escuchando aquel silbato del tren en sueños."

Tomado de "¿Cómo matar a 11 millones de personas?" de Andy Andrews




Vamos hacia la vida // Ricardo Flores Magón


     No vamos los revolucionarios en pos de una quimera: vamos en pos de la realidad. Los pueblos ya no toman las armas para imponer un dios o una religión, los dioses se pudren en los libros sagrados; las religiones se deslíen en las sombras de la indiferencia. El Corán, los Vedas, la Biblia, ya no esplenden: en sus hojas amarillentas agonizan los dioses tristes como el sol en un crepúsculo de invierno.

Vamos hacia la vida. Ayer fue el cielo el objetivo de los pueblos: ahora es la tierra. Ya no hay manos que empuñen las lanzas de los caballeros. La cimitarra de Alí yace en las vitrinas de los museos. Las hordas del dios de Israel se hacen ateas. El polvo de los dogmas va desapareciendo al soplo de los años.

Los pueblos ya no se rebelan, porque prefieren adorar un dios en vez de otro. Las grandes conmociones sociales que tuvieron su génesis en las religiones, han quedado petrificadas en la historia. La Revolución francesa conquistó el derecho de pensar; pero no conquistó el derecho de vivir, y a tomar este derecho se disponen los hombres conscientes de todos los países y de todas las razas.

Todos tenemos derecho de vivir, dicen los pensadores, y esta doctrina humana ha llegado al corazón de la gleba como un rocío bienhechor. Vivir, para el hombre, no significa vegetar. Vivir significa ser libre y ser feliz. Tenemos, pues, todos derecho a la libertad y a la felicidad.

La desigualdad social murió en teoría al morir la metafísica por la rebeldía del pensamiento. Es necesario que muera en la práctica. A este fin encaminan sus esfuerzos todos los hombres libres de la tierra.

He aquí por qué los revolucionarios no vamos en pos de una quimera. No luchamos por abstracciones, sino por materlalidades. Queremos tierra para todos, para todos pan. Ya que forzosamente ha de correr sangre, que las conquistas que se obtengan beneficien a todos y no a determinada casta social.

Por eso nos escuchan las multitudes; por eso nuestra voz llega hasta las masas y las sacude y las despierta, y, pobres como somos, podemos levantar un pueblo.

Somos la plebe; pero no la plebe de los Faraones, mustia y doliente; ni la plebe de los Césares, abyecta y servil; ni la plebe que bate palmas al paso de Porfirio Díaz. Somos la plebe rebelde al yugo; somos la plebe de Espartaco, la plebe que con Munzer proclama la igualdad, la plebe que con Camilo Desmoulins aplasta la Bastilla, la plebe que con Hidalgo incendia Granaditas, somos la plebe que con Juárez sostiene la Reforma.

Somos la plebe que despierta en medio de la francachela de los hartos y arroja a los cuatro vientos como Un trueno esta frase formidable: ¡Todos tenemos derecho a ser libres y felices!. Y el pueblo, que ya no espera que descienda a algún Sinaí la palabra de Dios grabada en unas tablas, nos escucha. Debajo de las burdas telas se inflaman los corazones de los leales. En las negras pocilgas, donde se amontonan y pudren los que fabrican la felicidad de los de arriba, entra un rayo de esperanza. En los surcos medita el peón. En el vientre de la Tierra el minero repite la frase a sus compañeros de cadenas. Por todas partes se escucha la respiración anhelosa de los que van a rebelarse. En la obscuridad, mil manos nerviosas acarician el arma y mil pechos impacientes consideran siglos los días que faltan para que se escuche este grito de hombres: ¡rebeldía!

El miedo huye de los pechos: sólo los viles lo guardan. El miedo es un fardo pesado, del que se despojan los valientes que se avergüenzan de ser bestias de carga. Los fardos obligan a encorvarse, y los valientes quieren andar erguidos. Si hay que soportar algún peso, que sea un peso digno de titanes; que sea el peso del mundo o de un universo de responsabilidades.

¡Sumisión! es el grito de los viles; ¡rebeldía! es el grito de los hombres. Luzbel, rebelde, es más digno que el esbirro Gabriel, sumiso.

Bienaventurados los corazones donde enraiza la protesta. ¡Indisciplina y rebeldía!, bellas flores que no han sido debidamente cultivadas.

Los timoratos palidecen de miedo y los hombres serios se escandalizan al oír nuestras palabras; los timoratos y los hombres serios de mañana las aplaudirán. Los timoratos y los serios de hoy, que adoran a Cristo, fueron los mismos que ayer lo condenaron y lo crucificaron por rebelde. Los que hoy levantan estatuas a los hombres de genio, fueron los que ayer los persiguieron, los cargaron de cadenas o los echaron a la hoguera. Los que torturaron a Galileo y le exigieron su retractación, hoy lo glorifican; los que quemaron vivo a Giordano Bruno, hoy lo admiran; las manos que tiraron de la cuerda que ahorcó a John Brown, el generoso defensor de los negros, fueron las mismas que más tarde rompieron las cadenas de la esclavitud por la guerra de secesión; los que ayer condenaron, excomulgaron y degradaron a Hidalgo, hoy lo veneran; las manos temblorosas que llevaron la cicuta a los labios de Sócrates, escriben hoy llorosas apologías de ese titán del pensamiento.

Todo hombre -dice Carlos Malato- es a la vez el reaccionario de otro hombre y el revolucionario de otro también.

Para los reaccionarios -hombres serios de hoy- somos revolucionarios; para los revolucionarios de mañana nuestros actos habrán sido de hombres serios. Las ideas de la humanidad varian siempre en el sentido del progreso, y es absurdo pretender que sean inmutables como las figuras de las plantas y los animales impresas en las capas geológicas.

Pero si los timoratos y los hombres serios palidecen de miedo y se escandalizan con nuestra doctrina, la gleba se alienta. Los rostros que la miseria y el dolor han hecho feos, se transfiguran; por las mejillas tostadas ya no corren lágrimas; se humanizan las caras, todavía mejor, se divinizan, animadas por el fuego sagrado de la rebelión. ¿Qué escultor ha esculpido jamás un héroe feo? ¿Qué pintor ha dejado en el lienzo la figura deforme de algún héroe? Hay una luz misteriosa que envuelve a los héroes y los hace deslumbradores. Hidalgo, Juárez, Morelos, Zaragoza, deslumbran como soles. Los griegos colocaban a sus héroes entre los semidioses.

Vamos hacia la vida; por eso se alienta la gleba, por eso ha despertado el gigante y por eso no retroceden los bravos. Desde su Olimpo, fabricado sobre las piedras de Chapultepec, un Júpiter de zarzuela pone precio a las cabezas de los que luchan; sus manos viejas firman sentencias de canibales; sus canas deshonradas se rizan como los pelos de un lobo atacado de rabia. Deshonra de la ancianidad, este viejo perverso se aferra a la vida con la desesperación de un náufrago. Ha quitado la vida a miles de hombres y lucha a brazo partido con la muerte para no perder la suya.

No importa; los revolucionarios vamos adelante. El abismo no nos detiene: el agua es más bella despeñándose.

Si morimos, moriremos como soles: despidiendo luz.

Humanos // Miguel Amargo

 

  Dicen los cientificos,  que si las abejas se extinguen, que se acaban y ya no queda ninguna, la vida en el planeta se acabaria, que tambien pasaria lo mismo si se extinguieran las hormigas, las termitas o las lombrices de tierra, por que sin esas especies todo el equilibrio en el planeta se viene abajo, todo se desmorona, son los seres mas indispensables para la vida...

   Y vaya a saber si sera cierto, pero dicen tambien los cientificos que si la raza humana dejara de existir, si un dia de repente ya no quedara un solo ser humano en la tierra no pasaria nada, bueno al contrario pasarian muchas cosas, volverian a crecer los bosques y las selvas, los animales en peligro de extincion dejarian de estar en peligro, los cielos volverian a ser azules en vez de grises, ya no habrian perros atropellados, a las gallinas ya no les robarian a sus hijos, a la tierra ya no le escarbarian para sacarle oro o petroleo...

   ¿Que mas pasaria si el ser humano dejara de existir?

Miguel Amargo

las 7 leyes alquimicas de Teofrasto Paracelso



1.- Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un habito que debes a tu propia dignidad.

2.- Desterrar absolutamente de tu ánimo, por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza. Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3.- Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4.- Hay que olvidar toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5.- Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.

6.- Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

7.- Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el DESASTRE. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, verás que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan GRAN RIQUEZA, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan.

Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer GRANDES Y NOBLES obras; pero la DICHA MÁS DURADERA solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo SATÁN de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el EGOÍSMO. Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La HUMILDAD te sustraerá fuerzas y la VANIDAD es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal conta el ESPÍRITU SANTO.

Teofrasto Paracelso, fue un alquimista, médico y astrólogo suizo.


La leyenda de Brahma y Maya


    Existe una vieja historia de India que nos habla de la soledad de Dios: Brahma. No existía nada más que Brahma, y por esa razón estaba muy aburrido. Brahma decidió jugar a un juego, pero no tenía a nadie con quien jugar. De modo que creó a una hermosa diosa, Maya, con el único propósito de divertirse. Una vez que Maya existió y Brahma le explicó el propósito de su existencia, ella le dijo: «De acuerdo, juguemos al juego más maravilloso, pero tú harás lo que yo te diga». Brahma aceptó y, siguiendo las instrucciones de Maya, creó todo el universo. Creó el Sol y las estrellas, la Luna y los planetas. Después, la vida en la Tierra: los animales, los océanos, la atmósfera, todo.

Entonces Maya le dijo: «Qué bello es este mundo de ilusión que has creado. Ahora quiero que crees un tipo de animal que sea tan inteligente y goce de tal conciencia que esté capacitado para apreciar tu creación». Finalmente, Brahma creó a los seres humanos, y una vez que acabó con la creación, le preguntó a Maya cuándo iba a empezar el juego. «Lo empezaremos de inmediato», dijo ella.

Cogió a Brahma y lo cortó en miles de pedacitos diminutos. Puso un trocito en el interior de cada ser humano y dijo: «¡Ahora empieza el juego! ¡Voy a hacer que olvides quién eres y tendrás que encontrarte a ti mismo!».

Los mandamientos de Gurdjieff



Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
Termina siempre lo que comenzaste.
Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
Desarrolla tu generosidad sin testigos.
Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.
Ordena lo que has desordenado.
Aprende a recibir, agradece cada don.
Cesa de autodefinirte.
No mientas ni robes, si lo haces te mientes y te robas a ti mismo.

Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
No desees ser imitado.
Haz planes de trabajo y cúmplelos.
No ocupes demasiado espacio.
No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
Si no la tienes, imita la fe.
No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
No te apropies de nada ni de nadie.
Reparte equitativamente.
No seduzcas.

Come y duerme lo estrictamente necesario.
No hables de tus problemas personales.
No emitas juicios ni cri­ticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
No establezcas amistades inútiles.
No sigas modas.
No te vendas.
Respeta los contratos que has firmado.
Sé puntual.
No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
Habla sólo lo necesario.

No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
Nunca amenaces.
Realiza tus promesas.
En una discusión ponte en el lugar del otro.
Admite que alguien te supere.
No elimines, sino transforma.
Vence tus miedos, cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
Ayuda al otro a ayudarse a si­ mismo.
Vence tus antipatí­as y acércate a las personas que deseas rechazar.

No actúes por reacción a lo que digan bueno o malo de ti.
Transforma tu orgullo en dignidad.
Transforma tu cólera en creatividad.
Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
Transforma tu odio en caridad.
No te alabes ni te insultes.
Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
No te quejes.
Desarrolla tu imaginación.
No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.

Paga los servicios que te dan.
No hagas propaganda de tus obras o ideas.
No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatí­a, complicidad.
No trates de distinguirte por tu apariencia.
Nunca contradigas, sólo calla.
No contraigas deudas, adquiere y paga en seguida.
Si ofendes a alguien, pi­dele perdón.
Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público.
Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.

No conserves objetos inútiles.
No te adornes con ideas ajenas.
No te fotografíes junto a personajes famosos.
No rindas cuentas a nadie, sé tu propio juez.
Nunca te definas por lo que posees.
Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
Acepta que nada es tuyo.
Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal considéralo tu maestro.
No mires con disimulo, mira fijamente.

No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
En el lugar en que habites consagra siempre un sitio a lo sagrado.
Cuando realices un servicio no resaltes tus esfuerzos.
Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.
Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.
No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.
Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.
Vive de un dinero ganado por ti mismo.
No te jactes de aventuras amorosas.
No te vanaglories de tus debilidades.

Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.
Obtén para repartir.
Si estás meditando y llega un diablo, pon ese diablo a meditar…



10 fundamentos de Gandhi para cambiar al mundo




10 fundamentos de Gandhi para cambiar al mundo:



1. Cámbiate a ti mismo

     – “Debes convertirte en el cambio que deseas ver en el mundo.”
     – “Como seres humanos, nuestra grandeza yace no tanto en poder rehacer el mundo- eso es el mito de la Era Atómica – sino en poder rehacernos a nosotros mismos.”


2. Tú estás en control

     – “Nadie puede hacerme daño sin mi permiso”


3. Perdona y déja que lo que pasó, pasó

     – “El débil nunca pueden perdonar. El perdón es un atributo del fuerte”
     – “Ojo por Ojo solo nos puede llevar a un mundo en donde todos somos ciegos”


4. Sin acción no vas a ningún lado

     – “Una onza de práctica vale mas que toneladas de rezos/plegarias”


5. Ocúpate de este momento

     – “No deseo predecir el futuro. Estoy preocupado en ocuparme del presente. Dios no me ha dado ningún control sobre el momento que sigue a este.”


6. Todos somos humanos

     – “Solo digo que soy un simple individuo que puede errar como cualquier otro mero mortal. Sin embargo, soy responsable en decir que tengo la suficiente humildad para confesar mis errores y de deshacer mis malos pasos.”
         “No es sabio estar muy seguro de la sabiduría de uno mismo. Es saludable ser recordado que el mas fuerte se puede debilitar y que el mas sabio puede errar.”


7. Persiste

     – “Primero te ignoran, después se ríen de ti, después pelean contra ti, y después tú ganas.”


8. Fíjate del bien en la gente y ayúdala

     – “Yo solo me fijo en las buenas cualidades del hombre. Al no ser perfecto yo mismo, no voy a presumir en indagar sobre las faltas de otros.”
     – “El hombre obtiene grandeza exactamente al mismo nivel en que trabaja por el bien de sus hermanos”
     – “Hubo un tiempo en donde suponía que el liderazgo significaba músculos; pero hoy día significa llevarme bien con la gente.”


9. Se congruente, se auténtico, se tu verdadero ser

     – “La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía.”
        “Siempre ten como objetivo la armonía completa del pensamiento, palabra y acción.
        "Siempre ten como objetivo purificar tus pensamientos y todo estará bien.”


10. Continúa creciendo y evolucionando

     – “Desarrollo constante es la ley de la vida, y el hombre que siempre trata de mantener sus dogmas para así aparentar consistente simplemente se lleva a sí mismo a una posición falsa.”



Ayotzinapa en A Contracorriente

La solidaridad no puede ser criminalizada...

Ayotzinapa




     En una protesta en cualquier parte de México... 

Ándenle cabrones, siganle y van a terminar como los de Ayotzinapa...

Ellos no terminaron. Comenzaron todo esto...




Algunas citas de Diego Rivera




        Los negreros henequeneros dieron un numeroso e ilustre contingente a la aristocracia porfiriana. Felipe Carrillo Puerto los arruinó porque hizo de los antiguos esclavos de ellos los mexicanos mejor organizados de todo el país. Y como en México la revolución política ha hecho morir a 500 mil hijos del pueblo, pero casi no ha tocado a los burgueses culplables de la matanza, Felipe tenía que caer tarde o temprano bajo la bala o el puñal que ellos pagaran, como seguirán cayendo en México todos los revolucionarios que fíen más en la fuerza de la razón que en la del perpetuo pie de guerra. 

        Los ricos y todos los que viven trabajando poco y ganando mucho, chupando la sangre del pueblo, empiezan a percibirse de lo que pasa y a formarse planes y poner ganchos para el trabajador. Los que viven del sudor del pueblo, componen partidos nuevos a los que ponen nombres socialistas o algo parecido; por eso esté es el momento en que el trabajador debe tener más cuidado para no caer en la trampa que le ponen esos señores que lo que quieren es subir y se proclaman, con tal fin, amigos del pueblo cívico-progresista y al mismo tiempo invitan a los burgueses, empleados y profesionistas a defender sus intereses en contra de los del obrero y el campesino. Esos entes son iguales a los que en Italia se llaman facistas, quieren y hacen lo mismo que aquellos: apoderarse del poder y poner un pie en el pescuezo del trabajador.

     Tengo guardados en un banco, sí señores, hasta cinco mil dólares, así en dólares, moneda americana, porque en México no tengo compradores para mis cuadros, aparte de cinco amigos mpios que se han atrevido; esos dólares los conservo como una pequeña reserva, precisamente; para no "depender del presupuesto" y garantizarme con esa suma que representa menos de los que algunos de nuestros próceres juegan en un cuarto de hora de póker, la libertad de pensamiento y acción y expresión como hombre libre, sin tener necesidad de depender del presupuesto de la internacional de Moscú, ni temer ser expulsado, como lo fui, por el partido estalinista, excomunista, ni tampoco temer mi expulsión del presupuesto nacional, guardando siempre,pese a quienes pese, y en donde quiera que sea, mis convicciones revolucionarias.

Memorial de Tlatelolco, Rosario Castellanos




La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
Para que nadie viera la mano que empuñaba
El arma, sino sólo su efecto de relámpago.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en el radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordamos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.


Memorial de Tlatelolco
Rosario Castellanos

Amor en libertad, cuento



Como los mayores daban demasiadas vueltas con la respuesta, las cuatro niñas decidieron preguntarle a su sabio preceptor:

-Maestro, dinos qué es el amor. Nuestros padres nos responden que lo sabremos cuando seamos mayores. ¿Acaso es algo malo?
-No es nada malo, más tampoco ellos están equivocados. No sabréis que es el amor hasta sentirlo. Pero, mientras, podemos aprender algo para reconocerlo. Mañana os daré un regalo.

Al otro día el preceptor les entregó cuatro pequeñas jaulas con un pájaro en cada una.
-Son para vosotras, pequeñas. Cuidad cada una el vuestro. Como veis, son pequeños, alegres y saben cantar. No quiero saber nada de ellos hasta que no os pregunte personalmente. Pero sobretodo que cada una cuide del suyo. El tiempo pasó, y entre clase y clase el maestro vio que los rostros de las niñas cambiaban cada día. En sus gestos y miradas notaba alternativamente la felicidad, la preocupación, la melancolía o el júbilo; a veces todas parecían tristes o las cuatro eran una expresión de alegría. Cuchicheaban entre ellas y era evidente que se morían por contarle algo. Tras un par de meses, en los que vio en las niñas el paso de todos los sentimientos, les pidió que al día siguiente trajeran sus jaulas.

La primera en hablar fue la que parecía más contenta con el suyo. Lo había puesto en una jaula más grande, con sus pequeños columpios para saltar y tacitas de agua para beber.
-Veo que tu pajarito está muy bien acostumbrado a su nueva jaula. Está gordo y parece saludable. Más no oigo que cante, dijo el tutor.
-Es verdad. No me había dado cuenta-respondió la niña-. ¡Parece tan contento!
-Es evidente que lo quieres. El amor es cuidar a quien amamos, pero también hay que escuchar y saber qué quiere de nosotros. Posiblemente esté agradecido por lo que haces por él, aunque no estoy seguro de que esté muy a gusto, ya que por alguna razón ha dejado de cantar.

La segunda le mostró la suya, en la que el pajarillo había crecido notablemente; estaba bastante gordo y apenas podía moverse en su pequeña jaula.
-Veo que el tuyo está bien alimentado, diría que demasiado. Y tampoco canta. Parece que para ti el amor es dar en exceso, lo que a la larga no será bueno para ambos. Le has dado tanto de comer que este animalito ya no podrá salir de su jaula y tendrás que romperla si quieres liberarlo. Está incómodo y de mal humor. Míralo, lo suyo es simplemente esperar, no le has enseñado a hacer otra cosa. Haz como tu hermana, dale más espacio y menos comida. Tal vez acabe cantando para comunicarse contigo… o porque es más feliz. Tú también tendrás que aprender a observarlo: quizá quiera otra cosa.

La tercera le mostró su jaula vacía, y entre sollozos le contó que quería tanto a su mascota que cada día lo sacaba de la jaula y la tenía un rato en sus manos. Pero un día pensó que tenía frío y la cobijó bajo su abrigo, y cuando quiso darse cuenta había muerto.
-No llores, pequeña-dijo el preceptor-.A veces el amor es como un pajarillo en nuestras manos: si la abrimos demasiado echa a volar, pero si lo apretamos mucho se muere. Te regalaré otro y sabrás ahora como cuidarlo. El pobrecillo ya te ha enseñado lo más difícil del amor.

La cuarta niña también le mostró su jaula vacía, pero la expresión de su rostro no era de tristeza, sino de pícara alegría.
-¿Y tú qué me cuentas?, preguntó el sabio.
La niña le hizo un gesto y se acercó a la ventana. La abrió, sacó un puñado de granos del bolsillo y lo esparció en el alféizar. Unos segundos después, cinco o seis pajaritos se posaron allí y no dejaron ni un solo grano. Después volaron a un árbol cercano, desde donde llegó hasta la habitación un concierto de gorjeo y silbidos.
-¿Uno de esos es el tuyo? volvió a preguntar el maestro.
La niña asintió.
-El mejor amor es el que se vive en libertad. Cada amor es diferente, pero a la vez ese amor es único. Espero que lo hayas hecho porque amar a un animalito no es lo mismo que el amor entre ellos. Lo has dejado en libertad para elegir, y creo que ya ha hecho amigos y tiene pareja, pero también te quiere a su modo y te devuelve amor en su canto. Si llegas a amar así serás feliz.

Rabindranath Tagore, un cuento sobre Dar y Recibir




Postrado a la vera del camino, esperaba que pasara alguien caritativo que me lanzara una moneda. De pronto vi venir un cortejo que rodeaba a una carroza tirada por seis caballos. Pensé: Un gran señor se ha dignado cruzar por esta aldea. Es posible que me deje caer una generosa limosna.

Esperé anhelante mientras la carroza se detuvo enfrente mío. De ella descendió un personaje ricamente ataviado, al que supliqué: ¡ Señor, una moneda !… Pero, para mi desconcierto, el gran señor extendió su mano y me preguntó: «¿Tienes algo para darme?». ¡A mí, al mísero, él le pedía ! No podía creerlo, pero seguía delante de mí con la mano tendida…

Vacilando, hurgué en mi raída bolsa, en busca de algo que pudiera dar, algo pequeño que no mermara mis tan escasas pertenencias. Encontré un grano de trigo, que coloqué en esa mano insistente. El me dijo:
«¡ Gracias !». Subió a su carroza y se marchó.

En la noche, al llegar a mi albergue, vacié en el suelo el contenido de mi bolsa, buscando algún mendrugo que pudiera servirme de cena y, entre los desechos recolectados, había un grano de trigo de oro, Sollocé amargamente:

¡ Señor, debí habértelo dado todo !

Rabindranath Tagore

Evo Morales, Hoy otro mundo es imprescindible porque si no, no habrá ningún mundo posible


      “Ha llegado el tiempo de las naciones del sur. Antes fuimos colonizados y esclavizados, y con nuestro trabajo robado se levantaron los imperios del Norte (…). Hoy otro mundo es imprescindible porque si no, no habrá ningún mundo posible. Y ese otro mundo de igualdad, de complementariedad, de convivencia orgánica con la madre tierra solo puede surgir de los mil idiomas, de los mil colores, de las mil culturas hermanadas de todos los Pueblos del Sur”

La historia de Diógenes y la esclavitud


      Diógenes, solía vivir desnudo, porque decía: «El hombre nace desnudo, y se debilita porque se protege con ropa». Y en ninguna parte del mundo hay algún animal con ropa... excepto algunos perros en Inglaterra. Inglaterra es un país misterioso. Los perros tienen ropa porque un perro desnudo no es cristiano. Te sorprenderá saber que, en la época victoriana, en Inglaterra incluso las patas de las sillas se cubrían con ropa, porque eran «piernas» y no era de caballeros mirar piernas desnudas.
      Diógenes vivía desnudo. Era un hombre fuerte. Cuatro personas que se dedicaban a raptar a gente y venderla como esclavos en el mercado pensaron: «Esta es una buena presa, este hombre puede hacernos ganar mucho dinero. Hemos vendido muchos esclavos, pero ninguno de ellos era tan fuerte, tan hermoso, tan joven. Podemos conseguir un precio tan alto como queramos; y habrá una gran puja en el mercado cuando pongamos a este hombre en la plataforma de venta. Pero —pensaron—, cuatro no somos suficientes para capturarlo. Él solo podría matarnos a todos».
      Diógenes oyó lo que estaban diciendo de él. Estaba sentado a orillas del río, disfrutando la brisa fresca del atardecer, bajo un árbol; y detrás del árbol esos cuatro hombres estaban planeando qué hacer. Él les interpeló.
      —No os preocupéis. ¡Venid aquí! No necesitáis preocuparos de que os vaya a matar, yo nunca mato nada. Y no necesitáis preocuparos de que vaya a luchar, a resistirme; no. Nunca lucho con nadie, no me resisto a nada. ¿Queréis venderme como esclavo?
      —Eso es lo que estábamos pensando. Somos pobres... si estás dispuesto... —dijeron esos cuatro hombres avergonzados, asustados.
      —Por supuesto que lo estoy —afirmó Diógenes—. Si puedo ayudaros de alguna manera a superar vuestra pobreza, es hermoso.
      De modo que sacaron las cadenas, pero él dijo:
      —Tiradlas al río; no necesitáis encadenarme. Caminaré delante de vosotros. No creo en escapar de nada. De hecho, me está ilusionando la idea de ser vendido, de estar sobre una plataforma alta y que haya cientos de personas tratando de conseguirme. Me ilusiona esta subasta... ¡vamos ya!
      Los cuatro se asustaron un poco más: este hombre no solo es fuerte, hermoso, parece que también está loco; podría ser peligroso. Pero ya no podían escaparse. Él les dijo: «Si intentáis huir, estaréis arriesgando vuestra propia vida. Seguidme, los cuatro. Ponedme en la plataforma del mercado».
      A disgusto le siguieron. ¡Habían querido llevárselo, pero él iba delante de ellos!
      No lo podían creer... ¿qué tipo de hombre era este? Pero ya no había manera de echarse atrás, así que le siguieron. Y cuando le pusieron sobre un alto pedestal para que pudiera verle todo el mundo, se produjo casi el silencio, se podía oír el vuelo de una mosca. La gente nunca había visto un cuerpo tan proporcionado, tan hermoso, fuerte como si estuviera hecho de acero.
      Antes de que el subastador dijera nada, Diógenes proclamó:
      —¡Escuchad! Aquí hay un maestro que se vende a cualquier esclavo, porque estos cuatro pobres necesitan dinero. Así que empezad la subasta; pero recordad, estáis comprando a un maestro.
      Lo compró un rey. Por supuesto, él podía hacerlo: ofreció más y más dinero en la subasta. Había mucha gente interesada, pero al final se les dio a los cuatro hombres una suma mayor que cualquiera que alguien había oído nunca antes. Diógenes les dijo:
      —¿Sois felices ahora? Ya podéis iros, y yo me iré con este esclavo.
      —¿Estás loco o qué? ¿Piensas que eres un maestro? ¿Yo soy rey y me consideras un esclavo? —dijo el rey a Diógenes mientras iban en el carruaje de camino al palacio.
      —Sí, y no estoy loco, tú estás loco —repuso Diógenes—. Te lo puedo demostrar ahora mismo. —En la parte trasera del carruaje estaba la reina. Diógenes continuó—: Tu esposa está ya interesada en mí, ha terminado contigo. Es peligroso adquirir un maestro.
      El rey quedó consternado. Desde luego, no era nada comparado con Diógenes. Desenvainó la espada y le preguntó a la reina: —¿Es verdad lo que dice? Si dices la verdad, te perdonaré la vida; esa es mi promesa. Pero si dices una falsedad, y lo descubro más adelante, te decapitaré. —Es verdad —aunque temerosa, asustada, contestó la reina—. Ante él, tú no eres nada. Estoy embelesada, fascinada; este hombre tiene magia. Eres solo un pobre hombre comparado con él. Ésta es la verdad.
      Naturalmente, el rey detuvo el carruaje y le dijo a Diógenes:
      —Sal de la carroza. Te dejo en libertad; no quiero tomar semejantes riesgos en mi palacio.
      —Gracias —dijo Diógenes—. Soy un hombre que no puede ser hecho esclavo, por la sencilla razón de que asumo toda la responsabilidad de mí mismo. No he dejado a aquellos cuatro hombres sintiéndose culpables: ellos no me trajeron, vine por voluntad propia. Seguro que se sienten agradecidos. Y este es tu carruaje, si quieres que salga de él, eso está perfectamente bien. No estoy acostumbrado en absoluto a carruajes, mis piernas son lo suficientemente fuertes. Soy un hombre desnudo, una carroza dorada no va bien conmigo.

Como encontrar la verdad...


      Un gran maestro estaba sentado en la costa, en la playa, y un hombre que buscaba la verdad se le acercó, le tocó los pies y le dijo:
      —Si no le molesto, quisiera hacer cualquier cosa que me sugiera para ayudarme a encontrar la verdad.         El maestro simplemente cerró los ojos y permaneció en silencio. El hombre hizo un gesto de desaprobación. Pensó para sí:
«Parece que este hombre está loco. Le he hecho una pregunta y cierra los ojos». Le sacudió ligeramente y le dijo:
      —¿Qué pasa con mi pregunta?
      —Ya la he respondido —afirmó el maestro—. Simplemente siéntese en silencio... no haga nada, y la hierba crece por sí sola. No necesita preocuparse por ello; todo sucederá. Simplemente siéntese en silencio, disfrute el silencio.
      —¿Puede darle un nombre a eso? Porque la gente me preguntará: «¿Qué estás haciendo?» —volvió a preguntar.
      Así que el maestro escribió en la arena con el dedo: meditación.
      —Esta respuesta es demasiado corta. Elabórela un poco más.
      El maestro escribió con letras muy grandes: MEDITACIÓN. —Pero esto son simplemente letras grandes. Ha escrito lo mismo.
      —Si digo más que eso, entonces será erróneo. Si logra comprenderlo, entonces simplemente haga lo que le he dicho, y lo sabrá — dijo el maestro.
     Y esa es también mi respuesta.

Sucedió en China, hace veinticinco siglos



      Sucedió en China, hace veinticinco siglos
      Lao Tse fue muy famoso, un sabio, sin duda alguna uno de los hombres más sabios de todos los tiempos. El emperador de China le pidió muy humildemente que fuera el jefe de su tribunal supremo, porque nadie podría guiar las leyes del país mejor que él. El trató de convencer al emperador: " No soy la persona adecuada ", pero el emperador seguía insistiendo. Lao Tse dijo:
      - Si no quiere usted escucharme... con un solo día que pase yo en el tribunal se convencerá de que no soy la persona adecuada, porque el sistema es erróneo. Así que intentémoslo.
      El primer día trajeron al tribunal a un ladrón que había robado casi la mitad de la fortuna del hombre más rico de la capital. Lao Tse escuchó el caso y luego dijo que tanto el ladrón como el hombre más rico deberían ir a la cárcel durante seis meses... ¿Qué está diciendo usted? Me han robado, me han desvalijado ... ¿Que tipo de justicia es esta, que me está mandando a la cárcel el mismo periodo de tiempo que el ladrón? - dijo el rico.
      -Ciertamente, no estoy siendo justo con el ladrón. Usted tiene más necesidad de estar en la cárcel, porque ha acumulado tanto dinero para usted mismo, ha privado a tanta gente de dinero. Miles de personas están en la miseria y usted sigue acumulando más y más dinero. ¿Para qué? Su propia avaricia está creando estos ladrones. Usted es responsable. El primer delito es suyo - respondió Lao Tse.
     - Antes de que me envíe a la cárcel, quiero ver al emperador, porque esto no es conforme a la constitución; esto no es conforme a la ley del país - protestó el rico.
      - Eso es culpa de la constitución y culpa de la ley del país . Yo no soy responsable, vaya a ver al emperador - replicó Lao Tse.
      El rico le dijo al emperador: - Escuche, este hombre debería ser depuesto de su cargo inmediatamente, es peligroso. Hoy voy yo a la cárcel, mañana estará en la cárcel usted. si quiere salvarse, hay que echar a este hombre; es absolutamente peligroso. Y es muy racional. Lo que dice es correcto, puedo entenderlo ¡Pero nos destruirá!
      El emperador lo comprendió perfectamente bien: si este rico es un criminal, entonces yo soy el mayor criminal del país. Lao Tse no dudará en enviarme a la cárcel.
      Lao Tse fué eximido de su cargo . Dijo:
      - Intenté decírselo antes, me está haciendo perder el tiempo innecesariamente. Le dije que no soy la persona adecuada. La realidad es que su sociedad, su ley y su constitución no están en lo correcto. Necesita gente errónea para hacer funcionar este sistema erróneo .


El empleo, cortometraje


info@opusbou.com.ar
Cortometraje de animación / animated short film
Ganador de 103 premios internacionales / Winner of 103 International Awards.

Dirección / Direction: Santiago 'Bou' Grasso
Idea: Patricio Plaza
Animación / Animation: Santiago Grasso / Patricio Plaza
Productora / Production company: Opusbou

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