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Ayotzinapa en A Contracorriente

La solidaridad no puede ser criminalizada...

EL famoso TDHA no existe


Joseph Knobel: Me llegan a esta consulta unos padres que me traen a su niño… con un diagnóstico ya hecho: “El niño tiene TDAH”, me dicen.

Sí, el famoso trastorno por déficit de atención e hiperactividad, ¿no?

¿Y quién lo ha diagnosticado? ¡Un profesor de la escuela! Y los padres lo aceptan: es tan consolador colocar una etiqueta… Pero yo juego un rato con ese niño, y… ¡es capaz de pasar 45 minutos poniendo en equilibrio una jirafita de madera, concentrado!

¿Conclusión?

¡El famoso TDHA no existe! Ese niño intenta llamar la atención de sus padres por algo, está inquieto… ¡y ese algo es lo que hay que desvelar! ¡Y no drogarle para calmarle!

¿Dice que el TDHA no existe?

Eso digo. A ese niño, los neuropsiquiatras le recetan la “pastillita de portarse bien”, como la llamamos… ¡y todos contentos! Fatal.

¿Qué pastillita es esa?

Metilfenidato, una droga que calma al niño. Bueno… le atonta. Y crea dependencia. Y quita el apetito. Y retrasa el crecimiento… Y… y cosas peores. ¡Eso no es curar!

¿Qué alternativa propone?

Psicoterapia: es más lenta, sí, ¡pero más segura! ¡Las prisas están matándonos!

¿Qué cree que aconsejaría tío Freud?

Nos diría: “Este niño, pobre, necesita ser escuchado”. Sí: ¡escucha a tus hijos! Regálales tu tiempo, y no móviles, ordenadores, televisores o videojuegos… Con todo eso… ¡y luego queremos que se concentren!

¿Algún otro consejo de oro a padres?

Con tus hijos, ¡juega! A tus hijos, ¡ponles límites! Y enséñales a esperar. O ellos se buscarán otros juegos, ellos se buscarán otros límites… Y serán impacientes con todo.

Tomo nota, señor Freud.

Veo padres dando iPad al chiquillo para que “no moleste” mientras llega la paella… ¡Ejerce de padre! Si te desprestigias como padre y desprestigias al profesorado…, ¿cómo los chavales van a prestar su atención, ese regalo que no estamos ganándonos?

Extracto de una entrevista con Joseph Knobel Freud, psicólogo clínico
Fuente: Víctor – M. Amela (La Vanguardia)

Albert Casals, viajero en silla de ruedas



Entrevista en La Vanguardia con Albert Casals, viajero en silla de ruedas, sin acompañantes y sin dinero. Una demostración de que los límites siempre son imaginarios… Acaba de publicar un libro: “El mundo sobre ruedas” en el que cuenta sus aventuras

¿Desde cuándo vas en silla de ruedas?
Desde los ocho años. Tuve mononucleosis y leucemia: o me trataban a saco, con riesgo de provocarme alguna discapacidad, o me moría.

Y fueron a saco.
Sí. ¡Y el resultado ha sido perfecto!

¿No te importa la silla de ruedas?
Si hubiese querido ser futbolista… ¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!

¿No?
Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur… Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica…

¿Con quién viajas?
Me gusta viajar solo.

¿En silla de ruedas… ¡y solo!?
La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes…, y así haces un montón de amigos.

¿Desde cuándo viajas así?
A los catorce años les dije a mis padres que me iba. Fue muy duro para ellos permitir mi felicidad. Pusieron una condición: el primer viaje lo haría acompañado por mi padre. Fuimos a Bruselas y aprendí cosas útiles para viajar. Y, a partir de los quince años, ya he hecho todos esos viajes yo solo.

¿Y qué dicen hoy tus padres?
Sufren un poco, pero están contentos viéndome contento. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: “Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas”. Ellos facilitan mi felicidad.

¿Eres feliz, pues?
Plenamente, pues no hago nada que no quiera hacer en cada momento. Ahora me apetece hablar contigo, y si no, no estaría aquí.

¿Con qué dinero viajas?
Con tres euros al día.

No es posible.
Hace seis meses salí de casa con 20 euros para irme a Sudamérica, ¡y he vuelto con 20 euros en el bolsillo!

Pero… ¿y dónde duermes, y cómo comes y… cómo lo haces?
¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos.

Dicho así, sí parece fácil.
Claro. ¿Qué impide a todos los europeos hacerse vagabundos? Es maravilloso…

¿Qué buscas en tus viajes?
Ver cómo vive la gente, ver cómo son, conocerles, vivir con ellos, ser su amigo.

¿Y qué opinan tus amigos de aquí?
Me entienden, mis amigos son como yo: todos están haciendo lo que desean hacer, aunque a ellos no les apetece viajar.

¿No te da miedo viajar solo?
¿Qué puede pasarme peor que no realizar mis sueños?

Pueden robarte…
Al poco tiempo volveré a tener lo necesario, ¡seguro! Y nunca podrán robarme lo vivido.

… Puedes sufrir un accidente, morir…
Aun así, habría hecho lo que realmente quería, ¡habría sido más feliz que quedándome aquí contra mi deseo!

¿Qué haces al llegar a un sitio nuevo?
Voy a un parque, a una plaza, saco mis naipes… Al cabo de un rato hay niños, ¡y luego medio pueblo está alrededor!

¿Qué te dice la gente nueva con la que te vas encontrando?
Los adultos repiten dos preguntas: “¿De dónde sales?”, “¿Y tus padres?”. Algunos se escandalizaban de mis padres por dejarme solo… Alguna vez la policía me ha detenido por si me había escapado… Un niño solo por el mundo, feliz…, ¿qué tiene de malo?

Hombre…
Ahora, ya con 18 años cumplidos, ¡soy libre!

¿Qué llevas en tu mochila?
Una libreta, algún libro, un boli, una linterna, los naipes para juegos de manos, jabón, cojín, dos pantalones y dos camisetas, calzoncillos, chaqueta, botiquín, la tienda de campaña y el kit de reparación de la silla.

Dime lugares en que hayas dormido.
Playas, vagones de tren, parques, estaciones, coches, campos, comisarías, castillos en ruinas, casas abandonadas, casas de gente, cuevas, mansiones…

¿Cuál ha sido el mejor momento?
Viajar de noche en la caja de un camión en marcha, destapada. Podía sacar la cabeza al viento o acurrucarme. Fue chulísimo.

¿Y tu momento más peligroso?
He estado a punto de palmar volcando en un camión, y atravesando una selva con vampiros, y en una lancha de traficantes de motores entre islas caribeñas, zarandeados por una tormenta con olas de cinco metros: me golpeé, caí al agua inconsciente… y pudieron rescatarme por pelos.

¿Qué planes tienes ahora?
Recorrer toda el Áfricaoriental hasta llegar a Madagascar.

¿Nada te frena?
Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz.

¿Y no piensas estudiar, trabajar…?
No, si no me divierte. Me gustaría ser mediador o acoger niños… A veces me dicen: “Si no trabajas, ¡de viejo serás pobre!”. Pero, si llego a viejo, ¡tendré amigos por todo el mundo! ¿Se puede tener más?

Jesús Martínez Bueno, breve extracto de una entrevista



Jesús Martínez Bueno: Antes representaba el budismo zen en el parlamento de las religiones, entre grandes maestros con ánimo de fraternidad, pero cada cual defendía sus intereses. Tuve la osadía de proponerles el ejercicio de reconocer que todos estamos equivocados en lo que creemos como verdadero ya que nadie tiene la capacidad de conocer la verdad. Se armó un buen barullo.

¿Es usted de los que piensan que ningún tiempo pasado fue mejor?
Creo que la evolución es permanente, una ley que desconocemos, y que debemos regirnos por otra manera de pensar, y que ese cambio está a la vuelta de la esquina.

¿Dónde ha encontrado la alegría?
En vivir, llevo mucho tiempo agradeciendo al sol su calor.

¿Qué aconsejaría a la gente joven?
Que piensen, que razonen, que tengan siempre en cuenta que todo lo que hacemos produce un efecto.

¿Qué es para usted un maestro?
El que te enseña a ponerte los zapatos para que puedas caminar. Todos somos caminantes y el camino está debajo de tus pies.

Breve extracto de una entrevista con Jesús Martínez Bueno en La Vanguardia

Fragmento de entrevista a Jordi Campos


¿Ser vegetariano le llevó a ser médico?
Quería ayudar. Fui médico en el hospital Clínic. Fui cirujano…, pero abandoné.

¿Por qué?
Vi que la medicina convencional sólo pone parches. Sirve para el remedio drástico, urgente…, pero superficial: ¡no cura de verdad!

¿No cura?
Sólo te curas de verdad desde dentro de ti mismo. El buen médico es el que sabe despertar a tu médico interior, ¡que es el único que podrá sanarte de verdad!

¿Tengo un médico dentro de mí?
Sí. Todas las enfermedades de tu cuerpo tienen raíz anímica, espiritual. Si te ayudo a descubrir esa causa espiritual…, ¡se sana tu psique, y eso sanará tu cuerpo!


Fuente: La contra La Vanguardia.

Alexandre Jollien; ¿Qué Les Enseña Usted A Sus Hijos?


¿Qué Les Enseña Usted A Sus Hijos? 
Alexandre Jollien: Que los amo incondicionalmente: “Aunque quemes la casa, ¡te amaré igual!”, les digo.
Vigile…“¡Pero procura que no suceda!”, añado, ja, ja… Y les pido perdón por mis imperfecciones, debilidades y errores. Y les enseño ejercicios espirituales.
Cuénteme uno.
Cada mañana me pregunto: “¿A quién puedo ayudar hoy?”. Y siempre encuentro a alguien.

Dos.
Cada mañana me pregunto: “¿De qué objeto puedo despojarme hoy?”. Tengo muchos libros, y cada día regalo uno a alguien.

Tres.
Una vez por semana busco, entre mis contactos telefónicos, al que pueda estar más solo y necesitado. Y le llamo.

Cuatro.
Con mis hijos, tomamos tres libros de casa, insertamos un billete de 10 francos en cada uno y los regalamos a tres mendigos. ¡Uno se ha aficionado a Séneca: me alegró verlo!

Cinco.
Les enseño a mis hijos que “el Buda no es el Buda, por eso le llamo Buda”. O sea, “Víctor no es Víctor, por eso le llamo Víctor”.

Explíquemelo.
Enseña a tomar una distancia alegre, es una invitación a la libertad: ¡vive sin máscaras, sin interpretar personaje alguno!

¿Se puede vivir sin máscaras?
Los niños lo hacen. Y es genial. Ser simple, ligero, qué maravilla.

¿Cuál diría que es la máxima virtud?
La bondad.

¿Por encima de la inteligencia?
La suprema inteligencia se llama bondad.

Extracto de una entrevista en La Vanguardia con Alexandre Jollien, filósofo.

Joan Margarit: Pequeñas grandes casas; entrevista

Joan Margarit:
Pequeñas grandes casas; entrevista 
Marco Antonio Campos


“¿Qué es tener algo que decir? Muy sencillo: que cuando lees poemas de otros hay algo que no encuentras, y te dices: Eso he de decirlo yo.”

Sobre la poesía y prosa:
“En tres o cinco versos se dice lo que en prosa requiere de un capitulo. De vez en cuando el novelista deja respirar al lector, hace pausas, para luego emprender de nuevo la carrera; el poeta no.”

Sobre la poesía y la arquitectura:
“La poesía es igual de violenta, sucia y ruidosa que una obra, pero dentro de ella hay un orden oculto. No hay diferencia entre arquitectura y poesía: se trata de ver el orden dentro de un estrépito.”

“Uno no debe de regresar a esos sitios inolvidables, porque ya no existen.”

Sobre Ana, su hija muerta:
“Era deficiente psíquica y física. Es alguien sin más herramienta que el amor para ir por el mundo y defenderse del mundo. Joana lo entendió enseguida. Era toda amor. Alguien así no parece de este mundo. Cuando entra en el quirófano final le dice al cirujano que lo ama y el cirujano sale llorando porque ningún paciente en su vida se lo había dicho antes.”

“El patriota de tiempo completo es poca cosa.”

El síndrome de Moebíus, entrevista a Joaquín Valls


¿Sabe del síndrome de Moebíus?
 No

A causa de una disfunción muscular, tu rostro deja de expresar emociones… Y, al poco tiempo, ¡dejas de sentir esas emociones!

¿Conclusión?
Que es un proceso reversible: si actúas “como si” sintieras una emoción, ¡acabarás por sentir esa emoción sugestionada! Por tanto, si sonríes y ríes, te pondrás contento. Y si piensas y actúas como si tuvieras éxito, ¡te llegará el éxito! Y si actúas como si fueses feliz…, acabarás siendo feliz.

¿Puedo sentir lo que desee sentir?
Si actúas como si fueras afortunado, atraerás la fortuna. No es magia: ¡es sólo que tenemos un cerebro muy, muy sugestionable!

Pero por mucho que el cerebro se crea algo, el entorno es el que es.
Ese cerebro sugestionado creará las condiciones para modificar el entorno en consonancia. Ya lo dijeron los griegos: ¡carácter es destino!

Póngame algún ejemplo de todo esto.
El mío mismo: al nacer mi hija, me pregunté cómo podía ayudar a esa niña a ser feliz…

¿Y qué hizo?
Rastreé los rasgos que tienen en común las personas afortunadas, las personas con buena suerte, satisfechas de su suerte.

¿Y qué rasgos son esos?

Son siete rasgos: uno, buen autoconcepto (aunque seas bajo y calvo, eso no te acompleja); dos, optimismo (ves salidas a todas las situaciones): ¿sabe lo de los militares húngaros perdidos en los Alpes?

No.
Encontraron un mapa, y eso les ayudó a hallar la salida. Pero ese mapa… ¡era de los Pirineos! Ellos no lo sabían: o sea que si crees que hay salida, ¡será más fácil encontrarla!

Tres.
Extraversión: allá donde van, establecen buenas relaciones (¡es el mejor modo de encontrar trabajo!). Cuatro, empatía: saben ponerse en la piel del otro, escuchar con el corazón. Cinco, autogestión emocional.

¿Autocontrol?
O saber enfadarse… ¡cuando toca enfadarse! Seis, proactividad: generan sus circunstancias, las que les resultan más favorables. Y siete, perseverancia: saben picar piedra.

Ahora ya sabemos cómo es la persona afortunada. ¿Qué hacemos con eso?
Ahora se trata de fomentar en uno mismo todos esos rasgos.

¿Cómo?
Yo aplico, por un lado, la grafotransformación. Y, por otro, las instrucciones nocturnas al cerebro.

¿Instrucciones nocturnas?
Sí: liberadas de sus obligaciones de la vigilia, las neuronas establecen más conexiones mientras dormimos. ¡Aprovechémoslo para reeducarlas en nuestro beneficio!

¿Cómo puedo hacerlo?
Relájate y escribe en un papel cinco veces alguna instrucción para tu cerebro: “me gusta mi cuerpo”, “valgo mucho”, “soy enérgico”, “tengo aplomo”, “hablo con facilidad”, “voy a desarrollarme”, “domino mis emociones”, “dirijo mi vida”, “me siento feliz”…

¿Y ya está?
Recítalas, cada una, en voz alta, cada noche, durante veintiocho noches. Y sigue luego con tandas de nuevas autoinstrucciones.

¿Y el cerebro obedece a esto?
Sí: al repetir la frase, el consciente baja la guardia y esa orden empapa el inconsciente… ¡Y ya sabemos que el inconsciente rige el 90% de lo que hacemos durante el día!

Qué fácil parece, pues.

Durante el sueño, el cerebro reconstruye y reorganiza conocimientos. Y es tan sugestionable… Fíjate en cómo caminan tus hijos, ¡y verás que caminan como su madre o como tú! Esto es inconsciente: imitamos. Aprovéchalo, ¡date instrucciones!

¿Debo escribir esas autoinstrucciones de mi puño y letra, a mano?
No hay un modo mejor de aprender algo que escribir a mano. Tonifica la memoria, reactiva neuronas… Es la gran noticia: puedes reeducar tu cerebro cuando quieras. Tú serás lo que quieras ser. Bien lo dijo Huxley: “Hoy es siempre todavía”.

Entrevista a Joaquín Valls
Tomado de Plano Creativo
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