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¿Escuchas el silbato?


"Escuchábamos historias de lo que le estaba sucediendo a los judíos, pero intentábamos distanciarnos de ello, porque ¿qué se podía hacer para pararlo?
   Todos los domingos por la mañana escuchábamos el silbato del tren sonando en la distancia, y después las ruedas sobre las vías. Nos afectaba cuando escuchábamos gritos que provenían del tren al pasar junto a nosotros. ¡Nos dimos cuenta de que llevaban a los judíos como a ganado en los vagones!
   Semana tras semana el silbato sonaba. Sentíamos pavor de escuchar el sonido de aquellas ruedas sabíamos que escucharíamos los gritos de los judíos de camino al campo de exterminio. Sus alaridos nos atormentaban.
   Sabíamos cuándo venía el tren y cuando escuchábamos el sonido del silbato empezábamos a cantar himnos. Cuando el tren pasaba por nuestra iglesia, cantábamos con toda la fuerza de nuestras voces. Si escuchábamos los alaridos, cantábamos aún más alto y pronto dejábamos de escucharlos.
   Han pasado los años y ya nadie habla de ello, pero yo sigo escuchando aquel silbato del tren en sueños."

Tomado de "¿Cómo matar a 11 millones de personas?" de Andy Andrews




Humanos // Miguel Amargo

 

  Dicen los cientificos,  que si las abejas se extinguen, que se acaban y ya no queda ninguna, la vida en el planeta se acabaria, que tambien pasaria lo mismo si se extinguieran las hormigas, las termitas o las lombrices de tierra, por que sin esas especies todo el equilibrio en el planeta se viene abajo, todo se desmorona, son los seres mas indispensables para la vida...

   Y vaya a saber si sera cierto, pero dicen tambien los cientificos que si la raza humana dejara de existir, si un dia de repente ya no quedara un solo ser humano en la tierra no pasaria nada, bueno al contrario pasarian muchas cosas, volverian a crecer los bosques y las selvas, los animales en peligro de extincion dejarian de estar en peligro, los cielos volverian a ser azules en vez de grises, ya no habrian perros atropellados, a las gallinas ya no les robarian a sus hijos, a la tierra ya no le escarbarian para sacarle oro o petroleo...

   ¿Que mas pasaria si el ser humano dejara de existir?

Miguel Amargo

La leyenda de Brahma y Maya


    Existe una vieja historia de India que nos habla de la soledad de Dios: Brahma. No existía nada más que Brahma, y por esa razón estaba muy aburrido. Brahma decidió jugar a un juego, pero no tenía a nadie con quien jugar. De modo que creó a una hermosa diosa, Maya, con el único propósito de divertirse. Una vez que Maya existió y Brahma le explicó el propósito de su existencia, ella le dijo: «De acuerdo, juguemos al juego más maravilloso, pero tú harás lo que yo te diga». Brahma aceptó y, siguiendo las instrucciones de Maya, creó todo el universo. Creó el Sol y las estrellas, la Luna y los planetas. Después, la vida en la Tierra: los animales, los océanos, la atmósfera, todo.

Entonces Maya le dijo: «Qué bello es este mundo de ilusión que has creado. Ahora quiero que crees un tipo de animal que sea tan inteligente y goce de tal conciencia que esté capacitado para apreciar tu creación». Finalmente, Brahma creó a los seres humanos, y una vez que acabó con la creación, le preguntó a Maya cuándo iba a empezar el juego. «Lo empezaremos de inmediato», dijo ella.

Cogió a Brahma y lo cortó en miles de pedacitos diminutos. Puso un trocito en el interior de cada ser humano y dijo: «¡Ahora empieza el juego! ¡Voy a hacer que olvides quién eres y tendrás que encontrarte a ti mismo!».

Amor en libertad, cuento



Como los mayores daban demasiadas vueltas con la respuesta, las cuatro niñas decidieron preguntarle a su sabio preceptor:

-Maestro, dinos qué es el amor. Nuestros padres nos responden que lo sabremos cuando seamos mayores. ¿Acaso es algo malo?
-No es nada malo, más tampoco ellos están equivocados. No sabréis que es el amor hasta sentirlo. Pero, mientras, podemos aprender algo para reconocerlo. Mañana os daré un regalo.

Al otro día el preceptor les entregó cuatro pequeñas jaulas con un pájaro en cada una.
-Son para vosotras, pequeñas. Cuidad cada una el vuestro. Como veis, son pequeños, alegres y saben cantar. No quiero saber nada de ellos hasta que no os pregunte personalmente. Pero sobretodo que cada una cuide del suyo. El tiempo pasó, y entre clase y clase el maestro vio que los rostros de las niñas cambiaban cada día. En sus gestos y miradas notaba alternativamente la felicidad, la preocupación, la melancolía o el júbilo; a veces todas parecían tristes o las cuatro eran una expresión de alegría. Cuchicheaban entre ellas y era evidente que se morían por contarle algo. Tras un par de meses, en los que vio en las niñas el paso de todos los sentimientos, les pidió que al día siguiente trajeran sus jaulas.

La primera en hablar fue la que parecía más contenta con el suyo. Lo había puesto en una jaula más grande, con sus pequeños columpios para saltar y tacitas de agua para beber.
-Veo que tu pajarito está muy bien acostumbrado a su nueva jaula. Está gordo y parece saludable. Más no oigo que cante, dijo el tutor.
-Es verdad. No me había dado cuenta-respondió la niña-. ¡Parece tan contento!
-Es evidente que lo quieres. El amor es cuidar a quien amamos, pero también hay que escuchar y saber qué quiere de nosotros. Posiblemente esté agradecido por lo que haces por él, aunque no estoy seguro de que esté muy a gusto, ya que por alguna razón ha dejado de cantar.

La segunda le mostró la suya, en la que el pajarillo había crecido notablemente; estaba bastante gordo y apenas podía moverse en su pequeña jaula.
-Veo que el tuyo está bien alimentado, diría que demasiado. Y tampoco canta. Parece que para ti el amor es dar en exceso, lo que a la larga no será bueno para ambos. Le has dado tanto de comer que este animalito ya no podrá salir de su jaula y tendrás que romperla si quieres liberarlo. Está incómodo y de mal humor. Míralo, lo suyo es simplemente esperar, no le has enseñado a hacer otra cosa. Haz como tu hermana, dale más espacio y menos comida. Tal vez acabe cantando para comunicarse contigo… o porque es más feliz. Tú también tendrás que aprender a observarlo: quizá quiera otra cosa.

La tercera le mostró su jaula vacía, y entre sollozos le contó que quería tanto a su mascota que cada día lo sacaba de la jaula y la tenía un rato en sus manos. Pero un día pensó que tenía frío y la cobijó bajo su abrigo, y cuando quiso darse cuenta había muerto.
-No llores, pequeña-dijo el preceptor-.A veces el amor es como un pajarillo en nuestras manos: si la abrimos demasiado echa a volar, pero si lo apretamos mucho se muere. Te regalaré otro y sabrás ahora como cuidarlo. El pobrecillo ya te ha enseñado lo más difícil del amor.

La cuarta niña también le mostró su jaula vacía, pero la expresión de su rostro no era de tristeza, sino de pícara alegría.
-¿Y tú qué me cuentas?, preguntó el sabio.
La niña le hizo un gesto y se acercó a la ventana. La abrió, sacó un puñado de granos del bolsillo y lo esparció en el alféizar. Unos segundos después, cinco o seis pajaritos se posaron allí y no dejaron ni un solo grano. Después volaron a un árbol cercano, desde donde llegó hasta la habitación un concierto de gorjeo y silbidos.
-¿Uno de esos es el tuyo? volvió a preguntar el maestro.
La niña asintió.
-El mejor amor es el que se vive en libertad. Cada amor es diferente, pero a la vez ese amor es único. Espero que lo hayas hecho porque amar a un animalito no es lo mismo que el amor entre ellos. Lo has dejado en libertad para elegir, y creo que ya ha hecho amigos y tiene pareja, pero también te quiere a su modo y te devuelve amor en su canto. Si llegas a amar así serás feliz.

Las montañas andantes

      

      Dicen que los camellos nunca se acercan a las montañas. Han elegido vivir en el desierto porque en el desierto ellos son las montañas andantes, pero junto a las montañas parecerán hormigas, y eso duele.

La historia de Diógenes y la esclavitud


      Diógenes, solía vivir desnudo, porque decía: «El hombre nace desnudo, y se debilita porque se protege con ropa». Y en ninguna parte del mundo hay algún animal con ropa... excepto algunos perros en Inglaterra. Inglaterra es un país misterioso. Los perros tienen ropa porque un perro desnudo no es cristiano. Te sorprenderá saber que, en la época victoriana, en Inglaterra incluso las patas de las sillas se cubrían con ropa, porque eran «piernas» y no era de caballeros mirar piernas desnudas.
      Diógenes vivía desnudo. Era un hombre fuerte. Cuatro personas que se dedicaban a raptar a gente y venderla como esclavos en el mercado pensaron: «Esta es una buena presa, este hombre puede hacernos ganar mucho dinero. Hemos vendido muchos esclavos, pero ninguno de ellos era tan fuerte, tan hermoso, tan joven. Podemos conseguir un precio tan alto como queramos; y habrá una gran puja en el mercado cuando pongamos a este hombre en la plataforma de venta. Pero —pensaron—, cuatro no somos suficientes para capturarlo. Él solo podría matarnos a todos».
      Diógenes oyó lo que estaban diciendo de él. Estaba sentado a orillas del río, disfrutando la brisa fresca del atardecer, bajo un árbol; y detrás del árbol esos cuatro hombres estaban planeando qué hacer. Él les interpeló.
      —No os preocupéis. ¡Venid aquí! No necesitáis preocuparos de que os vaya a matar, yo nunca mato nada. Y no necesitáis preocuparos de que vaya a luchar, a resistirme; no. Nunca lucho con nadie, no me resisto a nada. ¿Queréis venderme como esclavo?
      —Eso es lo que estábamos pensando. Somos pobres... si estás dispuesto... —dijeron esos cuatro hombres avergonzados, asustados.
      —Por supuesto que lo estoy —afirmó Diógenes—. Si puedo ayudaros de alguna manera a superar vuestra pobreza, es hermoso.
      De modo que sacaron las cadenas, pero él dijo:
      —Tiradlas al río; no necesitáis encadenarme. Caminaré delante de vosotros. No creo en escapar de nada. De hecho, me está ilusionando la idea de ser vendido, de estar sobre una plataforma alta y que haya cientos de personas tratando de conseguirme. Me ilusiona esta subasta... ¡vamos ya!
      Los cuatro se asustaron un poco más: este hombre no solo es fuerte, hermoso, parece que también está loco; podría ser peligroso. Pero ya no podían escaparse. Él les dijo: «Si intentáis huir, estaréis arriesgando vuestra propia vida. Seguidme, los cuatro. Ponedme en la plataforma del mercado».
      A disgusto le siguieron. ¡Habían querido llevárselo, pero él iba delante de ellos!
      No lo podían creer... ¿qué tipo de hombre era este? Pero ya no había manera de echarse atrás, así que le siguieron. Y cuando le pusieron sobre un alto pedestal para que pudiera verle todo el mundo, se produjo casi el silencio, se podía oír el vuelo de una mosca. La gente nunca había visto un cuerpo tan proporcionado, tan hermoso, fuerte como si estuviera hecho de acero.
      Antes de que el subastador dijera nada, Diógenes proclamó:
      —¡Escuchad! Aquí hay un maestro que se vende a cualquier esclavo, porque estos cuatro pobres necesitan dinero. Así que empezad la subasta; pero recordad, estáis comprando a un maestro.
      Lo compró un rey. Por supuesto, él podía hacerlo: ofreció más y más dinero en la subasta. Había mucha gente interesada, pero al final se les dio a los cuatro hombres una suma mayor que cualquiera que alguien había oído nunca antes. Diógenes les dijo:
      —¿Sois felices ahora? Ya podéis iros, y yo me iré con este esclavo.
      —¿Estás loco o qué? ¿Piensas que eres un maestro? ¿Yo soy rey y me consideras un esclavo? —dijo el rey a Diógenes mientras iban en el carruaje de camino al palacio.
      —Sí, y no estoy loco, tú estás loco —repuso Diógenes—. Te lo puedo demostrar ahora mismo. —En la parte trasera del carruaje estaba la reina. Diógenes continuó—: Tu esposa está ya interesada en mí, ha terminado contigo. Es peligroso adquirir un maestro.
      El rey quedó consternado. Desde luego, no era nada comparado con Diógenes. Desenvainó la espada y le preguntó a la reina: —¿Es verdad lo que dice? Si dices la verdad, te perdonaré la vida; esa es mi promesa. Pero si dices una falsedad, y lo descubro más adelante, te decapitaré. —Es verdad —aunque temerosa, asustada, contestó la reina—. Ante él, tú no eres nada. Estoy embelesada, fascinada; este hombre tiene magia. Eres solo un pobre hombre comparado con él. Ésta es la verdad.
      Naturalmente, el rey detuvo el carruaje y le dijo a Diógenes:
      —Sal de la carroza. Te dejo en libertad; no quiero tomar semejantes riesgos en mi palacio.
      —Gracias —dijo Diógenes—. Soy un hombre que no puede ser hecho esclavo, por la sencilla razón de que asumo toda la responsabilidad de mí mismo. No he dejado a aquellos cuatro hombres sintiéndose culpables: ellos no me trajeron, vine por voluntad propia. Seguro que se sienten agradecidos. Y este es tu carruaje, si quieres que salga de él, eso está perfectamente bien. No estoy acostumbrado en absoluto a carruajes, mis piernas son lo suficientemente fuertes. Soy un hombre desnudo, una carroza dorada no va bien conmigo.

El médico y Mulla Nasruddin


El médico fue a ver a Mulla Nasruddin y le dijo:
—No has pagado, y he venido una y otra vez a recordarte que he curado a tu hijo de la viruela, y no me escuchas.
—Tú eres el que tiene que escuchar; de lo contrario te voy a demandar en los tribunales —contestó Mulla.
—Esto es extraño... He tratado a tu hijo.
—Sí, ya lo sé; pero ¿quién propagó la epidemia por toda la ciudad? ¡Mi hijo! De modo que todo el dinero que has ganado lo tienes que compartir conmigo.

Sucedió en China, hace veinticinco siglos



      Sucedió en China, hace veinticinco siglos
      Lao Tse fue muy famoso, un sabio, sin duda alguna uno de los hombres más sabios de todos los tiempos. El emperador de China le pidió muy humildemente que fuera el jefe de su tribunal supremo, porque nadie podría guiar las leyes del país mejor que él. El trató de convencer al emperador: " No soy la persona adecuada ", pero el emperador seguía insistiendo. Lao Tse dijo:
      - Si no quiere usted escucharme... con un solo día que pase yo en el tribunal se convencerá de que no soy la persona adecuada, porque el sistema es erróneo. Así que intentémoslo.
      El primer día trajeron al tribunal a un ladrón que había robado casi la mitad de la fortuna del hombre más rico de la capital. Lao Tse escuchó el caso y luego dijo que tanto el ladrón como el hombre más rico deberían ir a la cárcel durante seis meses... ¿Qué está diciendo usted? Me han robado, me han desvalijado ... ¿Que tipo de justicia es esta, que me está mandando a la cárcel el mismo periodo de tiempo que el ladrón? - dijo el rico.
      -Ciertamente, no estoy siendo justo con el ladrón. Usted tiene más necesidad de estar en la cárcel, porque ha acumulado tanto dinero para usted mismo, ha privado a tanta gente de dinero. Miles de personas están en la miseria y usted sigue acumulando más y más dinero. ¿Para qué? Su propia avaricia está creando estos ladrones. Usted es responsable. El primer delito es suyo - respondió Lao Tse.
     - Antes de que me envíe a la cárcel, quiero ver al emperador, porque esto no es conforme a la constitución; esto no es conforme a la ley del país - protestó el rico.
      - Eso es culpa de la constitución y culpa de la ley del país . Yo no soy responsable, vaya a ver al emperador - replicó Lao Tse.
      El rico le dijo al emperador: - Escuche, este hombre debería ser depuesto de su cargo inmediatamente, es peligroso. Hoy voy yo a la cárcel, mañana estará en la cárcel usted. si quiere salvarse, hay que echar a este hombre; es absolutamente peligroso. Y es muy racional. Lo que dice es correcto, puedo entenderlo ¡Pero nos destruirá!
      El emperador lo comprendió perfectamente bien: si este rico es un criminal, entonces yo soy el mayor criminal del país. Lao Tse no dudará en enviarme a la cárcel.
      Lao Tse fué eximido de su cargo . Dijo:
      - Intenté decírselo antes, me está haciendo perder el tiempo innecesariamente. Le dije que no soy la persona adecuada. La realidad es que su sociedad, su ley y su constitución no están en lo correcto. Necesita gente errónea para hacer funcionar este sistema erróneo .


Torkom Saraydarian // Alegría y Curación


EJERCICIOS DE LA ALEGRÍA

Una vez, vino a nuestro monasterio un hombre que sufría de parálisis en su mano derecha. El Maestro le preguntó qué era lo que solía hacer con ella. Guardó un instante de silencio y luego dijo:

– Durante muchos años usé mi mano dercha para matar ovejas y toros.
– Cuántos mataste? -le preguntó el maestro
– Miles…

No escuché el resto de la conversación porque, de repente, sonó la campana para la cena. Después, le pregunté al Maestro cómo la matanza de animales podía paralizar la mano de alguien, y me contestó:

– Cada vez que este hombre sentía el dolor y el sufrimiento de los animales, disminuía la vitalidad de su mano hasta que, con el tiempo, esa vitalidad desapareció por completo. La falta de alegría causa parálisis.”

En esta época tecnológica, tal vez, la gente se ría de lo que decimos y lo considere una superstición. Pero mi Maestro curó en seis meses la parálisis de ese hombre, haciéndole practicar diariamente durante cuatro horas el ejercicio de la alegría.

Una vez, yo copié unos de sus ejercicios:

– Crea mentalmente la imagen de tu brazo derecho, y con él saca del río a un hombre que se está ahogando… Escribe con tu mano una carta alegre… Da con ella dinero y joyas a los pobres… Sirve con ella comida a centenares de personas…

El hombre de quien hablo solía seguir diariamente… los ejercicios que mi Maestro le enseñaba. Al cabo de seis meses, empleó esa mano para dar agua a un ciervo de la montaña que estaba de visita en nuestro huerto…”

Torkom Saraydarian, en “Alegría y Curación”

Otros ejercicios de la Alegría que propone el autor:

– Recordar una alegría de la primera infancia. Observa qué le ocurre a la persona que está volviendo a sentir su alegría pasada.
– Recordar un acontecimiento cuando otra persona estaba realmente alegre
– Recordar cuando otra persona compartió tu alegría
– Recordar una alegría que causaste a los demás
– Recordar una alegría que te causaron sin habérselo propuesto
– Recordar un momento de alegría que la Naturaleza te dió

¿que harías con cincuenta y tres minutos para ahorrar?


Buenos días – dijo el principito.

Buenos días , dijo el comerciante. Era un vendedor de píldoras perfeccionadas que apaciguan la sed. Se toma una por semana y no se experimenta más deseos de beber

¿Por qué vendes eso? – dijo el principito.

Es una gran economía de tiempo. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

Se hace lo que se quiere…

“Yo, si tuviera cincuenta y tres minutos para ahorrar, caminaría lentamente hacia una fuente…”

Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”

el suicidio de las lágrimas // miguel amargo


La vida de una lagrima es corta y más que otra cosa su vida se mide en distancia y no en tiempo, esta puede durar lo que dura su viaje, este puede ser hasta la mejilla, el labio, barbilla o algunas veces, las lagrimas mas longevas alcanza a bajar por el cuello hasta la clavícula pero, en este vivir de las lagrimas hay ocasiones raras en que algunas deciden suicidarse, salen del ojo y no ruedan por la cara, solo saltan al vació y mueren, se revelan a su existencia, no quieren vivir si no es para morir.

mirando estrellas, Miguel Amargo


“Ven, míralos. Me gusta verlos ahí todos de arriba a bajo, unos rápido para llegar no se a donde, así van todos los día y no se dan cuenta que van y siempre regresan al mismo punto y otros, mis favoritos, se quedan quietos por horas los prefiero a ellos por que así quietesitos puedo verlos mejor. Me gustan por que son muy extraños y por que son distintos todos, pero aun así de vez en cuando un par de ellos se parece bastante, me gusta ver como tarde o temprano se encuentra y se quedan juntos, algunos poco rato y otros mientras les dura el brillo. Me gusta mucho mirarlos, pero me gusta mas cuando alguno de ellos me esta mirando… decía una estrella de mirar humanos…”

— Miguel Amargo

Efímera inspiración, Miguel Amargo


Había encontrado un lugar en la casa donde se sentía muy agusto, se sentaba y escribía a montones, y dibujaba y la poesía le sabia mejor y el café con leche tenia un mejor color. Pasaron los años y se topo con una vieja bruja que le dijo donde te sientas escarba, encontró un puñado de monedas de oro y ahí mismo las dejo, después de muchos años ya no podía escribir, escarbo, ya no había oro se había convertido en efímera inspiración.

Miguel Amargo

San Francisco de Asís; el Rey y el Clavel


“Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba por no ser fuerte y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, un Clavel florecido, más fresco que nunca. El rey le preguntó: -¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? La flor contestó: -Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste querías Claveles. Si hubieras querido un Roble, lo habrías plantado. En aquel momento me dije: Intentaré ser Clavel de la mejor manera que pueda y heme aquí el más hermoso y bello clavel de tu jardín.”

Cuento atribuido a San Francisco de Asís

Ilusión, cuento corto


Había una vez un campesino gordo y feo 
que se había enamorado (¡cómo no!) 
de una princesa hermosa y rubia.
Un día, la princesa (ve a saber por qué)
le dio un beso al feo y gordo campesino…
Y, mágicamente, éste se transformó 
en un esbelto y apuesto príncipe…
(Por lo menos, así lo veía ella).
(Por lo menos, así se sentía él).

tu vida anterior...



Tal vez en tu vida anterior eras nube y ahora no lloras llueves

Los celos...


Un discípulo le preguntó a su Maestro: “Usted ha dicho que los celos son el temor que uno tiene de que los otros le den al ser amado lo que uno no es capaz de darle… Pero, ¿qué pasa si uno puede darle también lo que los otros le dan?”

El Maestro contestó: “Como no conoces tus límites, porque rehuyes trabajar contigo mismo, no aceptas que hay algo que no le puedes dar al ser amado y crees que eso que le dan tú también podrías dárselo. Sin embargo, pregúntate por qué va a buscar en otros lo que tú crees tener, si cuanto más quien te ama preferiría obtener de tu mano que de una ajena. ¡Va lejos porque cerca no encuentra!… No somos infinitos: debes aprender a conocer tus límites para después darle al ser amado todo lo que eres. Ni menos ni más. Menos, sería egoísmo. Más, sería falsedad… Y si ese “todo” que das no llena al ser amado, debes aceptar con generosidad que tome de otros lo que tú no puedes darle. Porque amar no es querer encadenar al ser amado. Amar es querer que este llegue a la mayor realización de sí, aunque tú no obtengas provecho de ese logro… El verdadero amor , el amor consciente, no pide: sólo desea dar. Y agradece al otro la maravilla que es su presencia y su libre existencia.”

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